Desde el 7 hasta el 14 de junio, una delegación de niños y jóvenes patinadores de Risaralda participará en el Campeonato Nacional Interligas en Guarne, Antioquia. El detalle que marca la noticia es que el viaje y la participación corren por cuenta de sus familias.
No es un dato menor. En Colombia, cuando un equipo departamental viaja a una competencia nacional, lo esperado es que exista algún grado de respaldo institucional: gobernación, alcaldía, federación. Aquí no. Los padres asumen el costo de transporte, hospedaje y manutención para que sus hijos compitan.
Esto refleja un patrón que se repite en disciplinas que no gozan de visibilidad mediática ni presupuesto público garantizado. El patinaje artístico y de velocidad en regiones pequeñas opera en gran medida como iniciativa privada de padres de familia, entrenadores independientes y pequeños clubes. El Estado está ausente de la foto.
La pregunta de fondo es incómoda: ¿cuántos talentos potenciales se quedan en casa porque sus familias no tienen recursos para costearse una competencia nacional? El acceso al deporte de alto rendimiento en Colombia sigue siendo un privilegio ligado a la capacidad económica, no al mérito o al potencial atlético.
El Campeonato Nacional Interligas es una vitrina importante para estos atletas jóvenes. Allí compiten y se visibilizan ante federaciones y selecciones. Pero ese acceso depende de que alguien pague. En este caso, los papás de Risaralda.