El álbum de Panini para el Mundial 2026 incluyó 18 de los 26 futbolistas que Néstor Lorenzo anunció el 25 de mayo. Según Caracol Radio, eso representa aproximadamente el 69% de precisión en portería, defensa, mediocampo y ataque.
Pero el dato que merece atención está en otra parte. Según la misma fuente, Panini alcanzó exactitud del 100% con ocho selecciones: Bosnia, Nueva Zelanda, Austria, República Democrática del Congo, Curazao, Escocia, Portugal y Suiza. En contraste, Brasil y Alemania llegaron al 72.22% de acierto, y Japón al 77.78%. Colombia quedó por debajo de ese promedio con su 69%.
Panini produce álbumes meses antes de los anuncios oficiales. Trabaja con proyecciones que obtiene a través de su relación con FIFA y las confederaciones nacionales. El proceso es conocido en el negocio. Pero la variabilidad en los resultados —desde 61.11% con Túnez hasta 100% con ocho federaciones— sugiere algo distinto: algunas confederaciones mantienen mayor hermetismo sobre sus listas que otras.
Los ocho jugadores que faltaron en el álbum colombiano —Álvaro Montero, Willer Ditta, Deiver Machado, Jaminton Campaz, Juan Camilo Hernández, Carlos Andrés Gómez, Juan Camilo Portilla y Gustavo Puerta— aparecieron en la convocatoria final pero no en las láminas. Caracol Radio explica esto por “temas editoriales y de producción”, una respuesta que tiene sentido desde el lado operativo.
Lo que emerge de los datos es una pregunta más amplia: ¿algunos técnicos cierran información más tarde en el calendario de decisiones? ¿Otros colaboran con Panini antes? Brasil, Alemania y Colombia están en el segundo grupo según los porcentajes registrados. No es especulación: es aritmética.
En redes, aficionados celebraron que el álbum “adivinara” a James Rodríguez, Jhon Córdoba y Luis Díaz. Otros especulaban sobre filtraciones dentro de la FCF. Pero la verdadera pauta está en la cronología: las federaciones que convocaron más tarde tienden a tener menor coincidencia con Panini. Las que convocaron temprano llegan al 100%.
Para la cancha, esto no cambia nada. Pero sí expone una realidad del fútbol moderno: el acceso a información correcta en el momento correcto es un activo. Y ese acceso no es distribuido de forma pareja entre confederaciones.