Gustavo Petro se sentó frente a María Camila Fonseca —Macafolla— en el programa digital de Holii Colombia y pasó lo que casi nunca pasa: el mandatario se rió de sí mismo durante 20 minutos sin un comunicado de prensa de por medio.
La entrevista ocupó la sección “¿Eres tú o soy yo?”, normalmente dedicada a solteros buscando pareja. Pero aquí el formato mutó: una creadora conocida por humor sexualmente explícito entrevistaba al presidente de la república con la misma soltura que usaría en TikTok. Eso fue el punto. Macafolla no adaptó su registro; Petro fue quien bajó las defensas.
Los clips virales llegaron rápido. Cuando ella preguntó qué lo hacía “un hombre inolvidable”, él respondió con una sonrisa: “Eso hay que vivirlo”. Cuando ella soltó “abajo los Yankees”, él aclaró que eran palabras de ella; ella respondió: “Y me apropio”. Cuando mencionó bailar, él respondió tímidamente y ella remató con “alguien ponga algo en el aparato reproductor femenino”. Cada intercambio se convirtió en meme en menos de dos horas.
El momento que más tracción generó fue el de la corbata. Macafolla le pidió que le hiciera el nudo. Petro se acercó por detrás para ajustársela. La edición parodió la escena de Titanic en la proa. Ella aclaró en vivo: “Esto es consensuado, gente, quiero que sepan que yo quiero esto”. El nudo quedó mal. Ella no desperdició: “Hágase un cursito en el Sena”. Carcajadas de ambos.
Lo que funciona acá no es la broma política convencional. Es el quiebre de formato. Un presidente que habla en tweets de tres párrafos, que cita a Lenin en cadenas nacionales, que construye enemigos externos de manera sistemática, aquí simplemente se deja estar. No defiende nada. Ríe cuando se burlan de sus nudos mal hechos.
¿Qué significa eso? Dos lecturas. Una: Petro entiende que parte de su base —especialmente la más joven— consume política a través de TikTok y que bajar a ese ecosistema tiene retorno. Dos: después de meses de tensión con la Corte Suprema, la reforma judicial y la polarización, necesitaba verse relajado. Tal vez ambas.
Lo importante es que el video funcionó como construcción de marca personal, no de gobierno. Nadie se enteró de políticas públicas. Se enteraron de que Petro puede reír de sí mismo. En redes, eso es más valioso que un discurso de una hora.