La recertificación de Primax como empresa carbono neutro por séptimo año consecutivo, validada por Icontec, marca un hito que merece análisis más allá del comunicado corporativo. No se trata de cuestionar la legitimidad de la certificación, sino de contextualizar qué significa esta apuesta en el panorama energético regional y qué señales envía sobre la transición que Colombia aún no termina de definir.
El negocio de la neutralidad
Las compañías petroleras globales enfrentan presión regulatoria creciente en mercados desarrollados. La Unión Europea, por ejemplo, ha establecido estándares de reportería de sostenibilidad (CSRD) que obligan a las empresas a demostrar reducción real de emisiones, no solo compensación. En este contexto, la inversión de Primax en autogeneración solar no es filantropía: es adaptación competitiva.
Lo relevante para Colombia es que una empresa del sector extractivo invierta en infraestructura renovable dentro del país. Según datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE), América Latina agregó 45 gigavatios de capacidad solar y eólica entre 2020 y 2024, pero la región sigue dependiendo de hidroelectricidad para casi el 60% de su matriz. La diversificación que Primax ejecuta en su segunda fase de autogeneración refleja una tendencia: las petroleras ya no apuestan solo a petróleo.
El vacío regulatorio colombiano
Aquí está el problema de fondo. Mientras Primax avanza en certificaciones voluntarias, Colombia carece de una regulación integral de transición energética con metas vinculantes para el sector privado. El gobierno actual ha propuesto eliminar nuevas licencias de exploración petrolera, pero no ha establecido mecanismos claros de descarbonización para operadores existentes.
Comparemos con Brasil: Petrobras reporta metas de reducción de intensidad de carbono del 25% para 2030 (desde 2020), con auditoría externa. En Perú, la regulación ambiental obliga a operadores a demostrar cumplimiento de estándares de emisión. En Colombia, la certificación de Primax es voluntaria, lo que significa que la empresa elige el estándar y el verificador.
Esto no invalida el logro de Primax. Icontec es un organismo de certificación reconocido. Pero expone un vacío: sin regulación sectorial, el liderazgo ambiental corporativo depende de decisiones empresariales, no de política pública. Y eso genera desigualdad competitiva: empresas grandes pueden costear certificaciones; pequeños operadores quedan fuera del radar.
Implicaciones para el comercio regional
La certificación de carbono neutro tiene consecuencias comerciales. La Unión Europea negocia actualmente mecanismos de ajuste de carbono en frontera (CBAM, por sus siglas en inglés), que impondrían aranceles a productos importados con alta huella de carbono. Para Colombia, esto significa que las empresas que demuestren descarbonización tendrán ventaja competitiva en acceso a mercados europeos.
Primax, al operar con certificación ambiental verificable, se posiciona mejor en negociaciones comerciales. Pero el efecto es limitado si el resto de la cadena de valor no avanza. Un producto colombiano con baja huella de carbono en producción puede perder credibilidad si se transporta en barcos con combustible pesado o se procesa en plantas sin estándares ambientales.
La pregunta incómoda
¿Puede una empresa petrolera ser realmente carbono neutro? Técnicamente sí, mediante compensación: reducir emisiones operativas e invertir en proyectos de captura o reforestación. Pero la pregunta política es si la compensación es suficiente o si debería haber reducción absoluta de emisiones fósiles.
En mercados como el nórdico, la presión regulatoria ya va más allá de neutralidad: exige reducción real. Noruega, por ejemplo, ha establecido que las petroleras deben reducir emisiones en un 40% para 2030 (desde 2005), no compensarlas.
Colombia está en una encrucijada. Primax invierte en energía solar porque sabe que el mundo se mueve hacia descarbonización. Pero sin regulación clara, esa inversión es decisión corporativa, no mandato público. Y eso deja al Estado sin capacidad de exigir estándares uniformes.
Lo que viene
La renovación de certificación de Primax es un indicador positivo de que el sector privado anticipa cambios. Pero no debería tranquilizar al gobierno. La verdadera prueba será si Colombia establece regulación de transición energética que iguale condiciones de competencia, alinee incentivos corporativos con objetivos públicos y genere credibilidad en mercados internacionales.
Mientras tanto, las certificaciones voluntarias seguirán siendo lo que son: demostraciones de liderazgo empresarial, no garantía de transformación sistémica.
Fuente: La República — Primax renueva certificación de Carbono Neutro