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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Deportes · Análisis · 13 jun 2026

¿Puede el fútbol comprar prestigio que la historia niega?

Catar busca su primer triunfo mundialista contra una Suiza que ya sabe lo que es avanzar. El duelo revela dos modelos de construcción deportiva.

¿Puede el fútbol comprar prestigio que la historia niega? — Deportes, ilustración editorial

¿Qué lecciones deja el intento de una nación por convertir la inversión en identidad, cuando el pasado apenas ofrece anécdotas? El debut de Catar en esta Copa del Mundo —su segunda aparición tras la condición de anfitrión que no logró traducirse en un solo triunfo— plantea una pregunta incómoda sobre los límites del dinero en el deporte de elite. Los cataríes, dirigidos por Julen Lopetegui, se miden este sábado contra Suiza, selección que acumula seis presencias orbitales y tres clasificaciones consecutivas a octavos de final. El contraste no es meramente numérico: es filosófico.

El proyecto catarí ilustra una tensión que Tocqueville habría reconocido en su análisis de las democracias emergentes: la confusión entre capacidad de compra y capacidad de construcción. Doha ha invertido décadas en academias, en la captación de talento infantil africano, en la contratación de técnicos europeos de primer nivel. Lopetegui, que supo dirigir a España antes de la renuncia forzada por su fichaje por el Real Madrid, representa la apuesta más ambiciosa de esta estrategia. Su propuesta, centrada en la posesión y el dominio del balón, busca dotar de personalidad a una selección que históricamente ha dependido de la organización defensiva y de la velocidad individual. El resultado, sin embargo, permanece en suspenso: dos amistosos previos, una derrota ante Irlanda y un empate sin goles contra El Salvador, no alientan excesivas expectativas.

Suiza ofrece el modelo opuesto, y quizás más sólido. Murat Yakin conduce una selección que se clasificó invicta y en primer lugar de su grupo eliminatorio europeo, sin alardes mediáticos pero con una coherencia táctica que el torneo suele premiar. Los helvéticos no necesitan inventar tradición porque la poseen: seis mundiales, eliminatorias consistentes, una identidad definida por la disciplina colectiva y las transiciones rápidas. Su único antecedente contra Catar, un amistoso de 2018 que perdieron 1-0 con gol de Akram Afif, carece de relevancia predictiva; los contextos competitivos raramente admiten extrapolaciones de partidos de preparación.

La pregunta central, entonces, no es quién ganará el encuentro, sino qué modelo de desarrollo deportivo resulta más sostenible en el largo plazo. Hannah Arendt, en su análisis del totalitarismo, distinguía entre poder basado en la coerción y poder basado en la organización institucional. Trasladado al ámbito futbolístico —mutatis mutandis—, el dilema se reproduce: ¿es más efectiva la inversión concentrada en una generación, o la construcción de estructuras que trasciendan ciclos individuales? Catar ha optado por la primera vía, con resultados aún inciertos. Suiza, por la segunda, con dividendos acumulados.

El empate entre Canadá y Bosnia en el mismo grupo modifica los cálculos sin resolverlos. Abre una ventana para que cualquiera de los dos equipos asuma el liderazgo provisional, pero el torneo de grupos del fútbol moderno raramente se define en la primera jornada. Lo que sí queda en evidencia es la asimetría entre ambas selecciones en términos de madurez competitiva. Suiza llega con cuatro partidos de preparación, tres empates y una victoria contundente sobre Jordania; Catar, con apenas dos encuentros y sin goles a favor. La diferencia en volumen de trabajo previo puede resultar decisiva en la gestión del ritmo y de las situaciones de presión.

Los colombianos debemos observar estos procesos con atención, no por identificación con ninguno de los dos equipos, sino por la lección que encierran para nuestra propia realidad deportiva. La inversión en infraestructura, en captación de talento, en formación de técnicos, no garantiza resultados inmediatos; su ausencia, en cambio, casi siempre garantiza el estancamiento. El fútbol nacional ha oscilado entre ambos extremos, con ciclos de euforia seguidos de décadas de improvisación. La selección femenina, recién clasificada al Mundial de Brasil 2027, ofrece un contrapunto esperanzador; su camino, sin embargo, aún exige la consolidación institucional que el caso suizo ejemplifica.

El partido de este sábado, en última instancia, enfrenta no solo a once jugadores contra otros once, sino a dos concepciones del tiempo. Una apuesta por comprar el presente; la otra, por cultivar el futuro. El marcador final dirá algo sobre la eficacia de cada apuesta en noventa minutos, pero poco sobre su validez histórica. Esa verdad más lenta, la que solo se revela en el largo plazo, permanece fuera del alcance de cualquier resultado inmediato.

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Columnista de La Bitácora

Mauricio Vélez Camargo

54 años, Bogotá. Derecho Universidad Nacional, filosofía política en la Javeriana, máster Complutense de Madrid. 15 años en medios colombianos y europeos.

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