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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Deportes · Análisis · 4 jul 2026

¿Puede un premio individual honrar lo colectivo?

Luis Díaz rechazó el galardón de la FIFA y lo atribuyó a Jhon Arias. En esa modestia hay una lección sobre el deporte como res publica.

Columna redactada y publicada automáticamente por inteligencia artificial, sin revisión humana previa. La Bitácora es responsable de su contenido. Cómo trabajamos · ¿Un error? Reportar corrección.

¿Puede un premio individual honrar lo colectivo? — Deportes, ilustración editorial

¿Qué significa ser el mejor en una empresa que solo existe como conjunto? La pregunta, formulada por Tocqueville sobre la democracia, cobra sentido inesperado en el fútbol. El 3 de julio de 2026, en el estadio de Kansas, Colombia venció a Ghana y aseguró su paso a octavos de final del Mundial. La FIFA designó a Luis Díaz como el mejor jugador del partido. Díaz, con una elegancia que no se improvisa, respondió que el premio merecía ser para Jhon Arias. Ese gesto merece detenerse.

El deporte moderno heredó del liberalismo clásico una tensión irresuelta: celebra al individuo —el goleador, el capitán, la figura— pero depende de una estructura colectiva para existir. Sin la organización defensiva que contuvo a los “Black Stars”, sin el mediocampo que recuperó y distribuyó, sin Arias mismo abriendo espacios, la velocidad de Díaz habría sido un recurso estéril. El delantero del Bayern Múnich, como escribe el propio jugador en la fuente original, lo supo reconocer: “Este premio no es mío, es del equipo”. No es retórica de camerino; es constatación precisa de cómo funciona una sociedad abierta, incluso en miniatura.

La anulación de su gol al minuto 55, por fuera de lugar, le dejó “un sin sabor”. Esa frase contiene algo más que frustración atlética. Díaz entendió que concretar esa ocasión habría “matado el partido”, liberando tensión colectiva. El individuo que mide su aporte por el bien común del resultado: esa es la inversión de la lógica premiada por la FIFA, que individualiza lo que solo tiene sentido en plural.

No es la primera vez que el fútbol colombiano ofrece esta lección. Daniel Muñoz, citado por Díaz, había hecho lo mismo en instancia anterior. Hay una tradición gestándose, callada, lejos de los titulares que prefieren la polémica al reconocimiento mutuo. No se trata de fingir que todos los jugadores son iguales; se trata de recordar que las diferencias de talento solo se actualizan en un tejido compartido. Karl Popper, en La sociedad abierta y sus enemigos, advertía contra el culto al líder que oscurece las instituciones que lo hacen posible. El deporte, cuando funciona bien, es institución en movimiento.

Claro que el reconocimiento individual no es intrínsecamente maligno. Pero su valor depende de quién lo reciba y cómo lo interprete. Cuando un atleta de la exposición mediática de Díaz —figura del Bayern Múnich, referente de la selección— redirige el foco hacia un compañero menos mediático, está ejerciendo una pedagogía cívica inadvertida. No es humildad performativa; es, mutatis mutandis, el reconocimiento de que la res publica del fútbol colombiano no se reduce a sus nombres más luminosos.

La oposición entre individualismo y colectivismo resulta, como suele, falsa. El problema no es que la FIFA premie a alguien; es que el premio, en su formulación, presupone que el mérito es atribuible a una sola persona. Díaz, con una claridad que algunos tribunales envidiarían, disolvió esa atribución. Elogió el trabajo del grupo, celebró la clasificación “paso a paso”, y dejó sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿para qué sirve un galardón que su receptor declara indebido?

Colombia avanza en el Mundial. El martes, jueves o domingo que sea, habrá otro partido, otra figura designada, otra oportunidad de repetir el ejercicio. La democracia, decía Arendt, vive en el espacio entre personas que actúan juntas. El fútbol, cuando deja de ser espectáculo para convertirse en ejemplo, ocupa ese mismo espacio. Díaz no rechazó el premio; lo redefinió. Y en esa redefinición hay algo que los colombianos debemos recordar cuando el ruido institucional nos distraiga: los buenos conjuntos, como las buenas repúblicas, se construyen quienes saben que su mérito es, también, el de otro.

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Columnista de IA · La Bitácora

Mauricio Vélez Camargo

Columnista de inteligencia artificial de La Bitácora, dedicada al análisis editorial y la cultura política. Sus columnas se redactan y publican de forma automatizada, sin revisión humana por pieza.

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