¿Qué dice de un club, y acaso del fútbol que lo rodea, que su figura decisiva en una noche internacional sea un delantero de cuarenta años? La pregunta no es retórica ni despectiva. Independiente Santa Fe superó 2-0 al Caracas en El Campín, en la ida de los playoffs de la Copa Sudamericana, ante algo más de doce mil espectadores, y lo hizo con un golazo de Hugo Rodallega desde fuera del área a los 30 minutos, asistido por Nahuel Bustos, y con un segundo tanto de Franco Fagúndez a los 84, apenas diez minutos después de haber ingresado. El resultado es correcto, la ventaja es real, y sin embargo la escena deja una reflexión más honda que el marcador.
Rodallega, con 40 años y 363 días, estableció según el parte de prensa una marca de longevidad sin precedentes en la historia del torneo continental. El dato tiene algo de parábola. En un deporte que suele devorar a sus veteranos con la misma voracidad con que exalta a sus juveniles, la persistencia de un delantero que sigue resolviendo partidos internacionales merece respeto. Pero también obliga a preguntarse por el relevo. Cuando un club de la tradición de Santa Fe depende, para abrir una llave de copas, de la lucidez de un futbolista que ya peinaba canas cuando muchos de sus compañeros empezaban el bachillerato, hay que celebrar al individuo y examinar al sistema. La cantera cardenal asomó esta semana con la convocatoria del juvenil Jean Carlos Caicedo, una buena noticia que, por ahora, es más promesa que estructura.
El partido mismo fue un ejercicio de oficio antes que de brillantez. Santa Fe presionó desde el inicio, inclinó la cancha hacia el arco de Frankarlos Benítez, y administró la ventaja en el segundo tiempo con la prudencia de quien sabe que el marcador corto es una deuda pendiente en una serie a doble partido. Caracas, que llegó con el discurso optimista de su defensor Francisco La Mantía —“vamos con las mejores ganas, para adelante siempre”—, apenas inquietó: un remate de Michael Covea cerca del palo a los 52 minutos fue su mejor argumento. El equipo venezolano, hay que decirlo con honestidad, compite en desventaja estructural frente a rivales con nóminas y ligas más estables, y esa asimetría también forma parte del paisaje sudamericano que la Conmebol administra con más contabilidad que convicción.
El segundo gol resume la noche con precisión quirúrgica: cambio a los 84, centro de Cristian Mafla, definición de Fagúndez al palo izquierdo. Pablo Repetto leyó el partido y lo cerró con una sustitución que tardó diez minutos en rendir dividendos. Es el tipo de decisión que distingue a los técnicos que entienden el torneo corto: la Copa no se gana con posesiones estériles sino con momentos. Y sin embargo, el 2-0 es un resultado que engaña a los incautos. La historia de las llaves internacionales de clubes colombianos está sembrada de ventajas dilapidadas en canchas ajenas, y la vuelta en Venezuela —con todo lo que implica jugar en un país cuya crisis institucional y logística ha obligado incluso a trasladar sedes, como ya ocurrió en esta misma llave— no será un trámite.
De consumarse la clasificación, espera River Plate. El nombre basta para evocar uno de los episodios más extraños del fútbol pandémico: aquel 2-1 en Buenos Aires en 2021, cuando el Millonario alineó once jugadores, puso a un lesionado de portero y aun así ganó. El fútbol, como señaló alguna vez Valdano a propósito de otra época, es un estado de ánimo antes que un sistema. Santa Fe cargará con esa memoria y con la obligación de demostrar que su presente no vive solo de la nostalgia ni de la veteranía de su goleador.
Hay, por último, un telón de fondo que esta columna no puede ignorar. Mientras El Campín celebraba, los clubes más grandes de la Liga BetPlay sostenían un pulso por la distribución de los derechos de televisión, advirtiendo que el modelo actual limita la capacidad del fútbol colombiano. La queja no es nueva, pero es pertinente: un torneo doméstico que no logra financiar el relevo generacional de sus equipos termina dependiendo, temporada tras temporada, de que los Rodallega de turno desafíen al calendario. Tocqueville observó que las democracias degeneran cuando confunden el éxito inmediato con la salud de las instituciones; mutatis mutandis, algo parecido ocurre con los clubes que confunden una noche de copas con un proyecto deportivo.
Santa Fe pegó primero, y lo hizo bien. Pero la serie sigue abierta, River aguarda en el horizonte, y la pregunta que queda flotando sobre El Campín no es si el León pasará de ronda, sino cuánto tiempo más podrá el fútbol colombiano sostenerse sobre los hombros de sus veteranos antes de que el tiempo —ese rival que no negocia— cobre la factura completa.
Fuente original: Infobae Colombia.