¿Qué significa para un club como Independiente Santa Fe volver a una cancha continental después de casi dos meses sin competir oficialmente? La pregunta no es menor, y no solo por el resultado que esta noche se juegue en El Campín ante Caracas FC. Es menor, sí, en el sentido estricto de los noventa minutos; pero es enorme en el sentido de lo que un club histórico le debe a su propia memoria. El fútbol colombiano, tan propenso al olvido y a la euforia instantánea, necesita equipos que entiendan que la Copa Sudamericana no es un consuelo: es una segunda oportunidad con dignidad propia.
El equipo de Pablo Repetto llega a este play-off con un dato que debería tranquilizar a la hinchada cardenal: solo una derrota en los últimos ocho partidos. Sin embargo, ese registro alentador no le alcanzó para disputar la final de la Liga BetPlay, eliminado por Junior de Barranquilla en la definición desde los doce pasos. Ahí está la primera paradoja del fútbol moderno, que los filósofos del deporte han señalado con frecuencia: la regularidad no siempre se premia; a veces solo se recuerda. Santa Fe fue regular, fue competitivo, y aun así quedó a las puertas. La Sudamericana le ofrece ahora un escenario donde esa regularidad puede convertirse en trascendencia.
El historial favorece claramente al conjunto bogotano. Seis partidos oficiales frente a Caracas FC sin conocer la derrota, con tres victorias y tres empates, según el registro de Caracol Radio. Pero los historiales, como bien saben los que han estudiado la política, son mapas del pasado, no garantías del futuro. Tocqueville advertía que las democracias viven del presente con una intensidad que borra la memoria; el fútbol sudamericano padece una versión acelerada de ese mismo mal. Lo que ocurrió hace diez años entre estos dos clubes pesa menos que la pierna que hoy tiemble en el primer córner.
Del otro lado llega un Caracas FC que no se presenta como víctima. Su defensor Francisco La Mantía declaró, según la crónica de Caracol Radio, que el grupo tiene “mucha ambición, mucha hambre” y que viaja a la capital colombiana con la intención de conseguir un resultado favorable. Son palabras de manual, cierto, pero también reflejan algo que el fútbol venezolano ha construido con esfuerzo en los últimos años: la convicción de que competir en torneos continentales no es un acto de presencia sino de ambición. Caracas avanzó segundo en un grupo que compartió con Botafogo y Racing de Avellaneda, lo cual no es un trámite menor. El equipo de Henry Meléndez llega con el refuerzo del delantero colombiano Alejandro Villarreal, proveniente de Aldosivi, y con la ilusión intacta de quien sabe que en una llave a doble partido todo puede torcerse.
Para Santa Fe, la nómina de convocados incluye a Húgo Rodallega, Daniel Torres y al portero Andrés Mosquera Marmolejo, nombres que combinan experiencia y oficio. El fichaje de Kevin Balanta, llegado desde Santos Laguna, no estará disponible para este compromiso, lo que obliga a Repetto a administrar con criterio un plantel que no ha tenido ritmo de competencia desde finales de mayo, cuando derrotó a Peñarol en Montevideo en la última fecha de la fase de grupos de la Libertadores. Ese triunfo en el Centenario, por cierto, fue un broche digno para una campaña que no alcanzó. Ahora la Sudamericana le exige al León algo distinto: no solo dignidad, sino continuidad.
El premio que aguarda al ganador de esta llave es de esos que ponen a prueba el carácter: River Plate en octavos de final. No hace falta exagerar el peso simbólico de enfrentar al Millonario en una instancia eliminatoria. Basta con decir que, para un club colombiano, medirse con River en cancha pareja es una forma de reivindicación. Pero primero está Caracas, y en el fútbol, como en la política, saltarse etapas suele salir caro. Los colombianos debemos aprender —y los clubes también— que la grandeza no se declara: se construye partido a partido, con la humildad de quien sabe que el rival de hoy es el único que importa.
Bogotá, ciudad que a veces trata a su equipo rojo con la frialdad de un pariente distante, tiene esta noche una cita con algo más grande que un resultado. Tiene una cita con la idea de que la res publica del fútbol —eso que pertenece a todos y que nadie puede apropiarse del todo— sigue viva cuando un estadio se llena para ver a su equipo intentar, una vez más, ser lo que su historia dice que es.