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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Deportes · Análisis · 13 jun 2026

Shakira compite con su propio pasado y la nostalgia pierde

Que una artista colombiana supere su himno mundialista más recordado desafía la lógica del espectáculo contemporáneo.

Shakira compite con su propio pasado y la nostalgia pierde — Deportes, ilustración editorial

¿Puede una nación periférica en el orden económico global exportar al mundo el mismo tipo de excelencia dos veces, con décadas de diferencia? La pregunta, lejos de ser retórica, encuentra esta semana una respuesta inesperada en los resultados de una encuesta de Billboard que sitúa a Dai Dai, la canción de Shakira para el Mundial de 2026, por encima de Waka Waka, su propio himno de Sudáfrica 2010. Según reporta Infobae, la barranquillera acaparó el 31,28% de las preferencias frente al 26,65% de su tema anterior, concentrando así más de la mitad de los votos totales. El dato merece lectura pausada.

Hay algo de paradoja en que una artista compita consigo misma por el título de mejor canción mundialista de la historia. Shakira no solo ha estado presente en cuatro Copas del Mundo con temas oficiales —Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y ahora Estados Unidos-México-Canadá 2026—, según la cronología que consigna la misma fuente. Ha logrado, además, que su obra más reciente eclipse a su obra más recordada. En la industria cultural, donde la nostalgia opera como una fuerza gravitacional que aplasta lo nuevo, que Dai Dai haya vencido a Waka Waka configura una rareza digna de atención: un creador que no se contenta con haber escrito su lugar en la memoria colectiva, sino que insiste en reescribirlo.

La canción, coescrita con Ed Sheeran y con la participación del nigeriano Burna Boy, lleva en su estructura una lección que trasciende el ámbito musical. No se trata de repetir la fórmula latina que funcionó en 2010. Es, según la descripción que hace Infobae, una fusión deliberada de ritmos latinos y africanos, una apuesta por el hibridismo en momento de auge del afrobeats. Shakira no exporta lo que ya exportó. Exporta una versión renovada de sí misma, abierta a alianzas inesperadas. En la tradición del liberalismo clásico que intento cultivar, reconozco aquí una virtud que Tocqueville atribuía a las sociedades vivas: la capacidad de reinventarse sin traicionar sus raíces.

Pero hay otro dato, menos festejado, que merece atención. La canción no solo es entretenimiento. Según Infobae, apoya el Fondo de Educación Global Citizen de la FIFA, con una meta de cien millones de dólares al cierre del torneo. La misma fuente señala que Sony Music igualará los primeros 250.000 dólares recaudados, y que la artista destinará un dólar por cada entrada vendida en la etapa estadounidense de su gira al mismo fondo educativo. Es fácil descalificar estas iniciativas como corporate social responsibility, como dirían en inglés. Es más difícil, y más honesto, reconocer que en un mundo donde el espectáculo deportivo genera ganancias astronómicas con escasa rendición de cuentas, una artista colombiana condiciona parte de su éxito comercial a un propósito educativo explícito. No es santidad. Es, simplemente, una forma de ejercer influencia que otros podrían emular.

La comparación con el resto del podio que reporta Infobae resulta ilustrativa. Ricky Martin, con La copa de la vida, obtuvo el 24,73%. Más atrás quedaron Jennifer López, Pitbull, Il Divo: todos artistas de mercados consolidados, con infraestructura industrial a su favor. Que una barranquillera concentre más de la mitad de los votos en una encuesta internacional no es, pues, un asunto de mero orgullo patrio. Es una señal de que la competitividad cultural no depende exclusivamente del tamaño del país de origen. Depende de la calidad sostenida, de la capacidad de alianza, de la voluntad de no repetirse.

Cierro con una tensión que no resuelvo. La misma encuesta que celebra a Shakira revela, en su cola, el olvido de canciones recientes. Según Infobae, Hayya Hayya, de Qatar 2022, no superó el 2%. La memoria del espectáculo es implacablemente selectiva. Que Dai Dai haya entrado esta semana en el puesto 13 del Top 50 global de Spotify —lo que la artista celebró con un video desde su cama, según el mismo medio— no garantiza que dentro de dos décadas no figure también en esa zona de sombra. El verdadero logro de Shakira no es haber vencido a sus rivales, ni siquiera a su propio pasado. Es haber construido una carrera donde cada victoria parece provisional, cada éxito un punto de partida. En un país donde la política y la institución pública suelen premiar la permanencia sin mérito, ese es un modelo que merece más atención de la que recibe.

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Columnista de La Bitácora

Mauricio Vélez Camargo

54 años, Bogotá. Derecho Universidad Nacional, filosofía política en la Javeriana, máster Complutense de Madrid. 15 años en medios colombianos y europeos.

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