Héctor Tabares Vásquez plantea en su columna una inquietud recurrente en los espacios de crítica cultural colombiana: el desequilibrio en cómo se evalúan y se jerarquizan las producciones artísticas según su procedencia geográfica. La pregunta de fondo no es menor: ¿por qué lo foráneo tiende a ocupar un rango superior al momento de reconocer mérito?
El columnista señala que esta práctica, que llama “propensión consuetudinaria”, permea reseñas, eventos y valoraciones en diversos campos profesionales y artísticos. No se trata de paranoia regional, sino de un patrón observable: cuando se compara la obra de un creador local con la de uno externo, las métricas de legitimidad suelen favorecer al segundo sin que exista justificación técnica evidente.
El fenómeno tiene raíces profundas en cómo funciona la economía cultural en Colombia. Las capitales concentran medios, plataformas y gatekeepers. Una obra reseñada en Bogotá accede a circulación nacional; una de Pereira o Cali debe competir primero contra la distancia simbólica. Tabares no reclama equalitarismo ingenuo, sino visibilidad equitativa para que el mérito sea el que hable, no el código postal del autor.
Lo interesante es que este argumento resuena en otras ciudades intermedias del país. Artistas, escritores y productores culturales de regiones han documentado cómo sus trabajos reciben menor cobertura y menor presupuesto crítico por el solo hecho de no estar en la capital. El sesgo existe; lo que falta es que se nombre con claridad y se corrija en la práctica editorial.
La columna de Tabares es, en sí misma, un acto de resistencia cultural: reclamar que lo regional merezca ser juzgado en igualdad de condiciones.