¿Es posible jugar con la pasión que exige una eliminatoria de Copa del Mundo mientras se calcula cada entrada como quien administra un capital de riesgo? Colombia avanzó a octavos de final tras vencer a Ghana por la mínima diferencia, pero la victoria dejó una factura que trasciende el marcador. Según el reporte de Infobae Colombia, Néstor Lorenzo debe administrar cinco jugadores al borde de la suspensión en un torneo donde la continuidad del once titular resulta tan decisiva como el talento individual.
La norma de la FIFA establece una aritmética implacable: las amarillas de fase de grupos se borran al clasificar, pero las acumuladas desde dieciseisavos se conservan. Jhon Arias —autor del gol de la clasificación— y Richard Ríos —ingresado precisamente para reforzar la zona de recuperación— se sumaron a la lista de advertidos que ya incluía a Johan Mojica, Jhon Lucumí y Jefferson Lerma, según la información publicada por Infobae Colombia. Cinco nombres, tres de ellos en líneas de contención, donde las faltas son mutatis mutandis inevitables ante rivales que explotan la velocidad de la transición.
Lorenzo enfrenta aquí una versión deportiva del dilema que Tocqueville identificó en las democracias: la tensión entre la energía individual y el orden colectivo. Un jugador amonestado juega distinto. Contiene el tackle, retrasa la salida, calcula el riesgo en cada disputa. El técnico debe decidir si preserva a los expuestos para un hipotético cuarto de final —contra un rival aún indeterminado— o si apuesta todo al presente contra Suiza, una selección que fue líder de grupo y que, según Infobae Colombia, “no perdona los espacios que deja la indecisión”.
La solución del cuerpo técnico contra Ghana, sacar a James Rodríguez para reforzar la zona de recuperación con Ríos, ilustra la lógica del torneo corto. No se trata de conservar al mejor nombre sino de preservar la estructura que funciona. Gustavo Puerta, a quien Infobae Colombia señaló como “figura del partido”, encarna esta filosofía: orden, pase limpio, contención sin ostentación. Sus palabras posteriores al encuentro, citadas por el mismo medio, contienen una verdad institucional más allá de la retórica habitual: el equipo que perdura es aquel donde la pieza de reemplazo no altera el mecanismo general. “Partido a partido lo hemos demostrado”, dijo Puerta, en una frase que resume la paciencia procedural que exige el formato eliminatorio.
Sin embargo, hay algo de res publica en esta selección que merece atención aparte. Colombia no depende de una sola figura desde hace tiempo; el sistema de Lorenzo distribuye la responsabilidad de modo que la ausencia puntual de un titular no sea cataclismo. Es una lección que el fútbol sudamericano aprendió tarde: los equipos campeones del siglo XXI, desde España 2010 hasta Francia 2018, funcionaron como aparatos donde el individuo brillaba dentro de procedimientos colectivos.
La pregunta que queda flotando en el aire de Vancouver, donde el martes se juega el pase a cuartos, es si esta administración del riesgo no termina por paralizar. Cinco jugadores con miedo a la segunda tarjeta pueden producir un equipo que defiende por zonas pero no presiona, que circula sin profundidad, que espera el error ajeno. El antídoto contra el sesgo del miedo, decía Popper, es exponer las hipótesis a la refutación. Lorenzo deberá exponer a los suyos al choque, confiando en que la disciplina no se confunda con la pasividad.
El torneo no da segundas oportunidades para quienes especulan mal.
Infobae Colombia: Néstor Lorenzo toma precauciones con la Selección Colombia