Para quien no siguió el hilo: en Colombia persiste una brecha cultural contra las carreras científicas y técnicas. No es falta de oferta académica. Es desconfianza de familias, estudiantes y empleadores sobre el valor real de esas profesiones.
Manuel Acevedo, rector de la U.D.C.A, plantea que el problema central es la percepción. Dice que impulsar formación multidisciplinaria es clave. La idea no es nueva, pero la urgencia sí. Mientras países vecinos como Brasil invierten en pipelines de talento STEM, acá las universidades compiten contra narrativas que pintan a ingenieros y científicos como especialistas sin futuro.
El fenómeno es medible. Las carreras de humanidades y administrativas siguen concentrando la mayoría de matriculados. No porque sean mejores opciones laborales, sino porque tienen más visibilidad social. Un abogado o administrador sigue siendo “más respetable” en conversaciones de almuerzo que un ingeniero de datos.
Acevedo toca algo que La Bitácora ha documentado antes: la formación multidisciplinaria no es lujo, es necesidad. Las empresas buscan perfiles que combinen análisis técnico con capacidad de comunicación, gestión y pensamiento crítico. El problema es que eso requiere que las universidades rompan silos internos y que los colegios cambien cómo venden estas opciones.
La pregunta incómoda: ¿por qué una institución privada como la U.D.C.A tiene que cargar con esta tarea de transformación cultural? Es un problema de política pública. El Ministerio de Educación debería liderar campañas que reposicionen STEM no como “carreras difíciles para genios”, sino como oportunidades reales con salida laboral inmediata. Mientras eso no ocurra, cada universidad rema sola.