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Geopolítica · Análisis · 20 may 2026

Washington no interviene en Cuba sin costo regional

Especular sobre desembarcos militares en La Habana ignora las lecciones de Irak, Afganistán y la reconfiguración geopolítica del Caribe que afectaría directamente a Colombia.

Washington no interviene en Cuba sin costo regional — Geopolítica, ilustración editorial

El análisis que circula sobre una posible intervención militar terrestre en Cuba revela más sobre los vacíos de la política exterior estadounidense que sobre la viabilidad de tal operación. Conviene examinar por qué esa narrativa es problemática para la región andina y qué implicaciones reales tendría para Colombia.

La ilusión del “magnífico renacer”

Cualquier intervención militar directa en Cuba no sería un acto quirúrgico. La historia reciente de operaciones estadounidenses en Oriente Medio demuestra que la ocupación territorial genera costos políticos, militares y fiscales que se extienden por décadas. Irak (2003-2011) y Afganistán (2001-2021) no son excepciones sino patrones. Un desembarco en Cuba, incluso con “organización”, abriría un frente de inestabilidad a 90 millas de Florida que Washington no podría cerrar en meses.

La premisa del “renacer magnífico” asume que la reconstrucción institucional es automática tras la derrota militar. No lo es. Requiere legitimidad política local, que una potencia extranjera nunca posee. Cuba tiene una población de 11 millones de personas con décadas de identidad nacional forjada en resistencia al embargo estadounidense. Una ocupación no disuelve eso; lo intensifica.

El juego de ajedrez caribeño

Lo que el análisis original pasa por alto es la reconfiguración geopolítica que una intervención provocaría. Rusia y China tienen intereses estratégicos en el Caribe que no desaparecen porque Washington desembarque marines. De hecho, una ocupación estadounidense legitimaría la presencia de potencias rivales en Nicaragua, Venezuela y otras plataformas regionales como respuesta de simetría.

Para Colombia, esto es crítico. El eje Bogotá-Washington-Brasilia que estructura nuestra política exterior depende de que Estados Unidos tenga capacidad de proyección sin distraerse en conflictos de ocupación. Una intervención cubana consumiría recursos militares, atención política y capital diplomático que hoy se dedican a la cooperación antinarcóticos, a la estabilidad de la frontera con Venezuela y a la coordinación con Brasil en el Atlántico Sur.

Remesas, migración y comercio

Hay también dimensiones económicas que un análisis geopolítico debe considerar. Aproximadamente 1,2 millones de cubanos viven en Estados Unidos, según datos del Censo estadounidense. Una intervención militar generaría presiones migratorias hacia terceros países, incluyendo Colombia. Ya enfrentamos flujos migratorios complejos desde Venezuela; una crisis humanitaria cubana añadiría presión sobre servicios públicos, especialmente en ciudades como Cartagena y Barranquilla.

Las remesas desde la diáspora cubana también financian actividades económicas informales en la isla. Una ocupación militar interrumpiría esos flujos y profundizaría la crisis económica, amplificando la migración forzada.

La pregunta incómoda

¿Tiene Washington legitimidad para intervenir militarmente en Cuba? Esa es la pregunta que el análisis original evita. Estados Unidos no intervino en Bielorrusia cuando Lukashenko reprimió protestas, ni en Myanmar cuando los militares derrocaron un gobierno electo. La selectividad en la aplicación de la doctrina de responsabilidad de proteger (R2P) erosiona la credibilidad estadounidense en América Latina.

Colombia, como aliado estratégico de Washington, tiene interés en que Estados Unidos mantenga coherencia en su política de derechos humanos. Si interviene en Cuba por represión, debe estar dispuesto a hacerlo en otros teatros. Si no lo está, la intervención es geopolítica disfrazada de humanitarismo, lo que debilita el orden internacional que beneficia a democracias medianas como la nuestra.

Alternativas que no se mencionan

Existen caminos menos costosos: presión diplomática coordinada con la Unión Europea, sanciones dirigidas a élites militares cubanas, apoyo a la sociedad civil desde el exilio, y negociación con intermediarios regionales como México o Colombia. Requieren paciencia. No generan titulares de victoria rápida. Pero no dejan ocupaciones militares que desestabilizan el Caribe durante una generación.

El “magnífico renacer” de Cuba no vendrá de un desembarco de marines. Vendrá, si acaso, de una transición política interna que Estados Unidos puede acelerar o frenar, pero nunca imponer desde afuera. Colombia tiene interés en que Washington entienda esa diferencia.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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