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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Comercio · Análisis · 27 may 2026

Colombia apunta a liderar el cacao mientras precios globales se disparan

La volatilidad de los mercados cacaoteros abre una ventana de oportunidad para que Colombia consolide su posición como productor de calidad en un sector donde la oferta global se contrae.

Colombia apunta a liderar el cacao mientras precios globales se disparan — Comercio, ilustración editorial

El cacao es uno de esos commodities que expone con claridad las asimetrías del comercio mundial. Mientras los precios se cotizan en dólares en bolsas de Nueva York y Londres, los productores en el trópico absorben la volatilidad sin poder transferirla. Pero en los últimos años, esa volatilidad ha generado un fenómeno distinto: una oportunidad estructural que Colombia está en posición de aprovechar si logra coordinar política pública, inversión privada y sostenibilidad.

La crisis de oferta que beneficia a los productores serios

Entre 2022 y 2026, los principales productores africanos —especialmente Costa de Marfil y Ghana, que concentran más del 60% de la producción mundial— enfrentaron presiones simultáneas: sequías relacionadas con variabilidad climática, envejecimiento de plantaciones, plagas como la moniliasis y, en algunos casos, presión de grupos armados sobre territorios productivos. El resultado fue una contracción de oferta que elevó los precios internacionales a máximos históricos.

Ese movimiento de precios no es coyuntural. Según proyecciones de organismos como la Organización Internacional del Cacao (ICCO), la demanda global seguirá creciendo —impulsada por el consumo en Asia y la revalorización del chocolate de origen en mercados desarrollados—, mientras que la oferta africana enfrenta limitaciones estructurales. Eso crea un espacio para productores alternativos con capacidad de escalar.

Colombia produce actualmente alrededor de 500.000 toneladas anuales de cacao en grano, lo que la posiciona como el cuarto productor mundial, después de Costa de Marfil, Ghana e Indonesia. Pero la calidad del cacao colombiano —especialmente el de origen en regiones como Huila, Nariño y Córdoba— tiene reconocimiento en mercados premium de Europa y América del Norte. Ese diferencial de calidad es el que debe capitalizarse.

Dónde está el cuello de botella

El problema no es la capacidad agrícola. Es la cadena de valor. Colombia pierde competitividad en tres puntos críticos:

Infraestructura de transformación: El 85% del cacao colombiano se exporta como grano sin procesar. Eso significa que el valor agregado de la fermentación, el secado especializado y, sobre todo, la transformación en pasta de cacao o productos derivados, se queda en manos de procesadores en Ecuador, Perú, Bélgica o los Países Bajos. Una inversión en plantas de procesamiento en origen multiplicaría el valor por exportación.

Financiamiento rural: Los pequeños y medianos productores cacaoteros —que representan el 70% de la producción nacional— tienen acceso limitado a crédito de largo plazo para renovación de plantas o adopción de prácticas que mejoren rendimiento y calidad. Eso los mantiene en una trampa de baja productividad.

Certificaciones y trazabilidad: Los compradores europeos y estadounidenses exigen cada vez más verificación de origen, prácticas ambientales y cumplimiento laboral. Colombia tiene ventajas en esto —legislación ambiental más rigurosa que varios competidores, menor presencia de trabajo infantil documentado—, pero la certificación es cara y fragmentada. Un sistema nacional de trazabilidad, con apoyo público, reduciría costos de transacción.

La geopolítica del cacao

No es menor que Costa de Marfil y Ghana enfrenten presiones geopolíticas crecientes. La presencia de actores no estatales en zonas productivas, la competencia por recursos hídricos y la migración climática están creando incertidumbre sobre la estabilidad de la oferta africana en la próxima década. Eso no es una oportunidad para celebrar crisis ajena, pero sí un argumento para que gobiernos y empresas colombianas inviertan ahora en capacidad de producción y transformación.

Brasil, que produce cacao en Bahía, ya está invirtiendo en industrialización local. Ecuador, aunque con menor volumen, está consolidando su posición en chocolate de origen. Colombia no puede quedarse como proveedor de materia prima.

Qué se necesita

Tres cosas concretas:

  1. Línea de crédito de largo plazo a través del Banco Agrario o fondos de desarrollo regional, con tasas subsidiadas para renovación de plantas y adopción de prácticas de precisión agrícola.

  2. Atracción de inversión en plantas de procesamiento, posiblemente a través de zonas francas o incentivos tributarios temporales en regiones productoras. Bélgica no tiene cacao, pero tiene 40% de la capacidad mundial de procesamiento. Colombia sí tiene cacao.

  3. Estándar nacional de trazabilidad, con participación de productores, empresas y certificadores, que reduzca fragmentación y permita acceso a mercados premium sin costos prohibitivos.

La ventana está abierta. Los precios altos dan margen de maniobra financiero. La demanda global crece. Los competidores africanos enfrentan presiones. Pero las ventanas se cierran rápido si no hay decisión. Ecuador y Perú no van a esperar.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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