Colombia cerró ayer su agenda de preparación local con el partido ante Costa Rica en Bogotá. Era el último test en territorio nacional antes de que el equipo se lance a la carrera clasificatoria y luego al mundial 2026.
El resultado importa menos que el mensaje: la federación está blindando el proceso de Néstor Lorenzo en casa. Cada amistoso previo a un torneo grande funciona como termómetro político. Gana o pierde, la narrativa ya está lista. Si Colombia vence, es síntoma de un equipo en ascenso. Si cae, la prensa se pregunta si hay grietas.
Lo que realmente está en juego es la confianza. Los aficionados colombianos vieron cómo la selección llegó a la final de América 2024 hace poco más de un año. Ahora toca mantener ese momentum sin perder credibilidad. Un amistoso sin riesgos reales, contra un rival que no es potencia, permite a la federación respirar antes de los compromisos serios que vienen.
La verdadera prueba será en eliminatoria. Ahí sí no hay lugar para experimentos.