El Estadio Nemesio Camacho El Campín de Bogotá registró ayer una asistencia masiva para lo que fue presentado como el último encuentro de la Selección Colombia antes de partir hacia el Mundial 2026. Sin detalle de rival ni resultado en la cobertura disponible, el partido funcionó como ritual de cierre de la etapa previa al torneo que coorganizarán Estados Unidos, México y Canadá.
Estos encuentros de despedida tienen un propósito institucional claro: validar el trabajo técnico ante la afición, generar confianza en la base de jugadores elegida y, no menos importante, producir el material narrativo que rodea a todo equipo nacional en vía a un Mundial. El lleno en el Campín sugiere que ese propósito cumplió.
Lo que importa ahora es cómo se traduce ese fervor en rendimiento. Colombia llega al torneo con expectativas renovadas después de años de reconstrucción. La concentración de público en un partido amistoso refleja algo que va más allá del fútbol: la necesidad de los colombianos de tener un proyecto colectivo en el que creer. En contextos de polarización política e incertidumbre económica, la Selección funciona como ese espacio donde las divisiones se suspenden, al menos temporalmente. El estadio lleno no es solo una métrica de asistencia. Es evidencia de que esa suspensión sigue siendo posible.
La prueba real llegará en junio, cuando Colombia comience su participación en el torneo.