El presidente del Consejo Nacional Electoral, Cristian Quiroz, afirmó que el conteo de votos en cada mesa se completará en 20 minutos, con los testigos electorales fotografiando el formato E14 a partir de las 4:30 p.m. del domingo 31 de mayo. La declaración busca proyectar eficiencia operativa en un proceso que ya enfrenta escepticismo sobre su integridad.
La velocidad del escrutinio es un indicador de capacidad logística, no de confiabilidad. Un conteo rápido puede ser preciso o puede ser un atajo que comprometa la verificación. Lo que importa es si ese proceso de 20 minutos incluye los controles que garantizan que cada voto se cuenta una sola vez y se registra correctamente.
El formato E14 es el acta de escrutinio de mesa. Su fotografía por parte de los testigos es un mecanismo de respaldo, pero solo funciona si existe un protocolo claro sobre qué sucede después con esas imágenes, cómo se cotejan con el acta original y qué autoridad resuelve las discrepancias. La velocidad sin protocolo es ruido.
Según reportó La República, Quiroz también mencionó que casi el 80% de los colombianos ya había decidido su voto antes de la primera vuelta. Esa cifra, si es precisa, sugiere una campaña con polarización definida. Pero la intención de voto y el voto efectivo son fenómenos distintos. Lo que interesa al CNE no es la intención sino el acto: que cada papeleta se cuente, que cada acta sea legible y que los testigos puedan verificar.
La institución electoral tiene la responsabilidad de publicar, antes del domingo, los protocolos exactos de ese conteo de 20 minutos. ¿Cuántos escrutadores por mesa? ¿Cuál es el procedimiento si hay discrepancia entre el conteo verbal y el acta? ¿Qué sucede si un testigo fotografía el E14 pero el acta que llega a Bogotá dice algo distinto? ¿Quién audita esas fotografías?
El CNE debe entender que la confianza electoral no se construye con promesas de velocidad. Se construye con transparencia operativa, con protocolos publicados, con acceso real de observadores, y con la capacidad de explicar cada paso. Un conteo que dura 20 minutos en una mesa pero que genera dudas sobre su verificabilidad es peor que un conteo que dura una hora pero que es auditable en cada fase.
Colombia llega a estas elecciones con un nivel de desconfianza institucional elevado. El CNE no puede permitirse el lujo de que sus anuncios suenen a promesas sin respaldo operativo. Debe demostrar, no solo afirmar.