Cuando los economistas hablan de empleo formal, PIB y productividad, rara vez mencionan a la señora que vende abarrotes en la Séptima con Calle 12, al tendero que da crédito a fin de mes o al que distribuye desde su garaje. Sin embargo, esos micronegocios no son la economía sumergida que hay que formalizar y desaparecer: son la economía real que sostiene a 15 millones de colombianos.
La República documentó recientemente que los micronegocios son centrales en la generación de ingresos, acceso a bienes básicos y cohesión social en las comunidades. No es un hallazgo menor. Es una corrección de marco.
El peso invisible del comercio de proximidad
En Colombia, aproximadamente el 90% de las empresas son micronegocios. Según datos del DANE, el comercio minorista de pequeña escala emplea directamente a más de 8 millones de personas y genera cadenas de valor que llegan a proveedores, transportistas y distribuidores. Si sumamos el efecto multiplicador (lo que esos trabajadores gastan en sus propios barrios), el impacto económico es comparable al de sectores que reciben inversión pública y atención mediática.
Pero hay un problema de medición. Las cuentas nacionales capturan mal este segmento. Muchas tiendas operan en la informalidad no por evasión deliberada, sino porque los costos de formalización (registro, impuestos, seguridad social) superan los márgenes de ganancia. Un tendero que vende 2 millones de pesos mensuales no puede pagar 400 mil en aportes si su utilidad es de 300 mil.
La paradoja de la política pública
El gobierno habla de formalización, pero los incentivos van en sentido contrario. Las tiendas de barrio compiten con cadenas de retail que tienen economías de escala, poder de negociación con proveedores y acceso a crédito barato. Cuando una política de comercio exterior abarata importaciones o cuando un TLC reduce aranceles sin compensar a los pequeños comerciantes, la tienda de esquina absorbe el golpe.
Lo que ocurrió con la entrada de productos chinos de bajo costo es ilustrativo. El comercio minorista de ropa, electrónica y artículos de hogar se contrajo en barrios de estratos 1 y 2. Algunos tenderos cerraron. Otros diversificaron hacia servicios (pago de servicios, giros, recarga de celular) para sobrevivir. Eso es resiliencia, no marginalidad.
Cohesión social que no se mide en encuestas
Hay un componente que los indicadores económicos no capturan: la tienda es un nodo de confianza en territorios donde el Estado está ausente. Es donde se da crédito sin garantía, donde se intercambia información, donde se construye comunidad. En zonas de conflicto o abandono estatal, la tienda es a menudo la única institución económica accesible.
Eso tiene valor. Cuando desaparecen tiendas de barrio por competencia desleal o cambios en patrones de consumo, no solo se pierden empleos: se erosiona el tejido social que mantiene a raya la informalidad criminal.
Qué debería cambiar
Colombia necesita una política de comercio que reconozca esta realidad. No se trata de proteccionismo ingenuo, sino de diseño inteligente:
Primero, reformar el régimen tributario para micronegocios. Un impuesto simplificado, proporcional a ingresos reales, sin cargas administrativas que requieran contador.
Segundo, fortalecer asociaciones de tenderos para mejorar poder de compra y acceso a crédito. Las cooperativas de distribución funcionan en otros países.
Tercero, revisar cláusulas de TLC que no contemplen transición para pequeño comercio. El acceso a mercados es bueno; el colapso de empleo local es un costo político y social que no se puede ignorar.
Cuarto, invertir en infraestructura de barrio (luz, agua, seguridad) que reduzca costos operativos del pequeño comercio.
La tienda de esquina no es un fósil en vías de extinción. Es una institución económica que evoluciona. En otros países, el comercio de proximidad se ha reinventado con modelos híbridos: punto de retiro de compras en línea, punto de servicios financieros, espacio de encuentro comunitario.
Colombia tiene 15 millones de razones para pensar en eso. No como nostalgia, sino como política.
Fuente: La República — Tiendas en datos