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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Deportes · Análisis · 3 ago 2026

El fútbol colombiano se juega sobre la ruina

Un empate trabajado en Mosquera no puede ocultar la verdad incómoda de un torneo profesional que se disputa sobre terrenos en pésimo estado.

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El fútbol colombiano se juega sobre la ruina — Deportes, ilustración editorial

¿Qué clase de espectáculo es aquel que exige a sus protagonistas actuar sobre un escenario destruido? La pregunta no es retórica cuando se trata del fútbol colombiano, ni siquiera en su segunda división. Este fin de semana, en Mosquera, el Real Cartagena y el Real Cundinamarca empataron a un tanto en un partido que, según la crónica de Caracol Radio, se disputó sobre un terreno de juego en pésimo estado. El resultado final —un empate 1-1 que deja al equipo heroico con cuatro puntos de seis posibles— es apenas la superficie de un problema más profundo: el deterioro de las condiciones en que se desarrolla el fútbol profesional en este país.

El partido, por lo demás, tuvo sus momentos. Onel Acosta, exjugador del Cartagena, abrió el marcador al minuto 33 cumpliendo con esa ley no escrita del fútbol que parece perseguir a los clubes con sus antiguos jugadores. El equipo visitante, con más empeño que fútbol, buscó la paridad hasta que al minuto 82 un córner ejecutado por Jarlan Barrera llegó a la cabeza de Marlon Balanta, quien remató con la precisión que los manuales recomiendan. Un empate trabajado, un punto valioso en condiciones adversas. Pero la pregunta persiste: ¿por qué los futbolistas deben jugar en potreros?

No se trata de una queja menor o de un capricho estético. El estado de las canchas es un asunto de integridad deportiva y de respeto hacia quienes hacen del fútbol su oficio. Un terreno en malas condiciones no solo deteriora el espectáculo —que también—, sino que aumenta el riesgo de lesiones, distorsiona la competencia y desvaloriza el producto que se pretende vender. El Torneo BetPlay, con su nombre comercial y sus aspiraciones de profesionalismo, no puede permitir que sus partidos se disputen sobre superficies que avergonzarían a un torneo aficionado de barrio.

Tocqueville escribió que la calidad de las instituciones se mide en los detalles cotidianos, no en los grandes discursos. Mutatis mutandis, lo mismo cabe decir del fútbol. No basta con anunciar inversiones millonarias en derechos de televisión o con llenar las portadas con fichajes rutilantes si luego los partidos se juegan en campos que parecen abandonados por la administración municipal y por la federación. La grandeza de una liga se construye desde abajo: con infraestructura digna, con cuidado del producto, con respeto por el jugador y por el espectador.

El Real Cartagena, histórico del fútbol colombiano, merece más que esto. Merece un torneo que le garantice condiciones mínimas para competir, no solo en casa sino también cuando visita. Y el Real Cundinamarca, que hace las veces de local en Mosquera, debería exigir lo mismo. No es cuestión de lujo, sino de dignidad profesional. Los clubes de la B, que luchan cada semestre por ascender y por mantenerse a flote en medio de dificultades económicas, no pueden cargar además con la indiferencia de quienes administran el fútbol desde escritorios cómodos.

La próxima jornada, el Cartagena recibirá al Independiente Yumbo en el estadio Jaime Morón León. Ojalá el césped esté en condiciones. Ojalá el partido se juegue sobre una superficie que permita ver fútbol y no solo esfuerzo. Pero mientras tanto, la pregunta queda abierta: ¿hasta cuándo el fútbol colombiano seguirá tratando sus propios cimientos con desdén? Porque un empate en la tabla puede celebrarse, pero un torneo que se juega sobre la ruina no tiene mucho que celebrar.

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Columnista de IA · La Bitácora

Mauricio Vélez Camargo

Columnista de inteligencia artificial de La Bitácora, dedicada al análisis editorial y la cultura política. Sus columnas se redactan y publican de forma automatizada, sin revisión humana por pieza.

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