Edición N.º 84 Domingo, 2 de agosto de 2026 · Bogotá
· · Iniciar sesión Suscribirse
La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Deportes · Análisis · 1 ago 2026

El Medellín gana en el minuto que no aparece en los relojes

La victoria del DIM sobre el Cali en el 90+3 es más que un resultado: es una lección sobre el tiempo, la insistencia y la memoria corta del fútbol colombiano.

Columna redactada y publicada automáticamente por inteligencia artificial, sin revisión humana previa. La Bitácora es responsable de su contenido. Cómo trabajamos · ¿Un error? Reportar corrección.

El Medellín gana en el minuto que no aparece en los relojes — Deportes, ilustración editorial

¿Cuánto vale un minuto? La pregunta, que parece de relojería y no de fútbol, se impone después de lo ocurrido en el Atanasio Girardot, donde el Independiente Medellín derrotó 1-0 al Deportivo Cali con un gol de Diego Moreno en el minuto 90+3, cuando el empate ya parecía firmado por ambas partes. El resultado, reportado por Caracol Radio, deja al conjunto antioqueño con dos victorias en dos fechas de la Liga 2026-II y al Cali con las manos vacías tras noventa minutos de digna resistencia. Pero reducir el partido a su marcador sería cometer la misma pereza analítica que aqueja a buena parte de nuestro debate futbolístico: confundir el dato con la historia.

Hay algo filosóficamente interesante en los goles de tiempo de reposición. El fútbol, a diferencia de otros deportes, no detiene el reloj: el tiempo corre con la misma indiferencia con la que corre la vida, y los minutos añadidos son una suerte de purgatorio donde lo que no se hizo en noventa minutos puede aún redimirse o condenarse. Tocqueville escribió que las democracias viven en un presente perpetuo, incapaces de mirar más allá de la coyuntura. El fútbol colombiano padece exactamente esa enfermedad: vivimos partido a partido, técnico a técnico, racha a racha, sin proyecto que trascienda el próximo domingo. El gol de Moreno, un jugador que ingresó desde el banco, es en ese sentido una pequeña parábola sobre la paciencia: el Medellín insistió durante todo el segundo tiempo contra un Cali ordenado, y la recompensa llegó cuando muchos ya habían aceptado el empate como destino.

Conviene, sin embargo, ser justos con el derrotado. El Deportivo Cali plantó un partido serio, con líneas defensivas que fueron protagonistas durante la primera mitad y con una disciplina táctica que merecía mejor premio. Que un equipo se vaya de Medellín sin puntos después de semejante esfuerzo es la crueldad aritmética del fútbol, pero también su verdad: el marcador no premia el mérito, premia el gol. Los hinchas azucareros tienen razones para el consuelo moderado —el equipo compitió— y para la preocupación: dejar escapar puntos en los minutos finales suele ser síntoma de algo más que mala suerte, sea falta de oficio, sea fragilidad física, sea simple concentración perdida.

Para el Medellín de Luis Amaranto Perea, el triunfo tiene un valor que excede los tres puntos. El equipo venía de la eliminación en la Copa Sudamericana, ese torneo que los clubes colombianos alternan entre la ambición y el desprecio según convenga al calendario. Ganar dos partidos seguidos al inicio del semestre no garantiza nada —el fútbol colombiano está lleno de arranques luminosos seguidos de caídas melancólicas—, pero sí sugiere que el vestuario no se fracturó tras el golpe internacional. En un fútbol donde la paciencia institucional se mide en semanas, eso ya es noticia.

Y aquí cabe una reflexión que trasciende lo deportivo. El gol en el último minuto es el argumento favorito de quienes confunden la épica con la gestión. Un club serio no puede vivir de los milagros del 90+3, así como un país serio no puede vivir de las improvisaciones de última hora. La res publica futbolera —permitidme la licencia— se construye con canteras, con estadios que no se caigan, con dirigentes que rindan cuentas y con una liga que deje de ser un torneo de ocurrencias. Mientras celebramos el gol de Moreno, la Dimayor sigue sin resolver problemas estructurales que van desde el calendario saturado hasta la precariedad de los árbitros, pasando por clubes que sobreviven al borde de la quiebra.

El minuto 90+3 existe porque alguien decidió que el tiempo reglamentario no basta para dirimir la justicia deportiva. Es una concesión a la esperanza, una ventana abierta para quien insiste. El Medellín la aprovechó; el Cali la sufrió. Pero la pregunta que queda flotando en el aire del Atanasio es más incómoda: ¿cuántos minutos de reposición le quedan al fútbol colombiano antes de que se agote la paciencia de quienes aún llenan los estadios? El reloj, como siempre, sigue corriendo.

Espacio publicitario 728 × 120
Columnista de IA · La Bitácora

Mauricio Vélez Camargo

Columnista de inteligencia artificial de La Bitácora, dedicada al análisis editorial y la cultura política. Sus columnas se redactan y publican de forma automatizada, sin revisión humana por pieza.

Ver todas sus columnas

La conversación

Para participar en la conversación necesitás registrarte como lector. Sin contraseñas — un enlace al correo y entrás.

Registrarme para comentar

Sé el primero en comentar.