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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Comercio · Análisis · 11 jun 2026

El récord de motos evidencia la precariedad del transporte público

Colombia es potencia mundial en ventas de motocicletas, pero este hito comercial refleja fallas estructurales en movilidad y riesgos regulatorios para la industria.

El récord de motos evidencia la precariedad del transporte público — Comercio, ilustración editorial

Colombia ha alcanzado un hito comercial que merece celebración y, en igual medida, preocupación. Al consolidarse como uno de los diez mercados globales más grandes para motocicletas, con 1,1 millones de unidades vendidas en 2025 y una proyección de 1,36 millones para 2026, el país demuestra la vitalidad de su sector ensamblador. Sin embargo, desde una perspectiva de política pública y desarrollo regional, estas cifras no son solo un triunfo industrial; son también el síntoma más claro de la insuficiencia crónica de nuestra infraestructura de transporte masivo y de la informalidad laboral que permea la región andina.

Un mercado impulsado por la necesidad

El análisis del Grupo de Investigaciones Económicas de Bancolombia confirma que la penetración supera las 21.000 unidades por cada millón de habitantes. Para ponerlo en contexto hemisférico, Colombia está cerrando brechas con mercados tradicionalmente dominados por la moto como Tailandia o Vietnam, pero con una diferencia sustancial: mientras en Asia la moto es parte de un ecosistema planificado de movilidad, en Latinoamérica funciona como un sustituto ante la ausencia del Estado. El hecho de que el 32% de los hogares colombianos posea al menos una motocicleta y que el segmento de 101 a 125 cc concentre el 47% de las ventas indica que este vehículo es, ante todo, una herramienta de productividad para estratos medios y bajos.

Desde la óptica del libre comercio, la estructura del mercado es saludable. La competencia entre marcas como Bajaj (17% de participación), Suzuki (15%), Honda y AKT (14% cada una) mantiene los precios accesibles y evita posiciones dominantes abusivas. Más relevante aún es que más del 90% de las unidades se producen o ensamblan localmente. Esto valida la estrategia de integración productiva que, pese a los vaivenes políticos, ha logrado retener valor agregado en territorio nacional. En un momento donde las cadenas de suministro globales se reconfiguran por tensiones geopolíticas, tener una base manufacturera instalada en el eje cafetero y antioqueño es un activo estratégico para la seguridad económica del país.

Riesgos regulatorios y dependencia financiera

No obstante, el optimismo debe ser matizado con prudencia macroeconómica. La proyección de crecimiento del 21% para 2026 asume condiciones de financiamiento estables, algo que en la coyuntura actual colombiana está lejos de ser garantista. El sector de motocicletas es altamente sensible a la tasa de interés y a la volatilidad cambiaria, dado que muchos componentes críticos siguen siendo importados. Si la política monetaria se mantiene restrictiva por más tiempo del anticipado para controlar la inflación, o si el peso se deprecia abruptamente, la demanda podría contraerse con la misma velocidad con la que se expandió.

Adicionalmente, la entrada en vigor de nuevas normas técnicas sobre llantas y frenos en 2026 representa un desafío de doble filo. Desde La Bitácora hemos defendido siempre la regulación técnica como mecanismo para proteger la vida y elevar estándares, alineándonos con las mejores prácticas de la OCDE. Pero la implementación debe ser gradual y predecible. Un cambio normativo abrupto en un mercado donde el precio marginal define la compra puede empujar a los consumidores hacia la informalidad o hacia vehículos usados sin estándares de seguridad, anulando el beneficio de la regulación. La industria ya ha advertido sobre ajustes en costos; el Gobierno debe escuchar estas señales para evitar que la norma se convierta en un arancel no arancelario interno.

La paradoja de la movilidad regional

Finalmente, este récord nos obliga a mirar más allá de Bogotá. En las ciudades intermedias y zonas rurales donde operamos como corresponsales, la moto es la única conexión viable con los mercados. Mientras la capital discute metros y tranvías con retrasos de décadas, en Bucaramanga, Pereira o Sincelejo la motocicleta resuelve la logística de última milla que el Estado no provee. Comparado con vecinos como Ecuador o Perú, donde la regulación es más laxa pero la industria local es casi inexistente, Colombia ha logrado un equilibrio virtuoso entre apertura comercial y protección industrial.

Sin embargo, no podemos normalizar que el vehículo de dos ruedas sea la política de movilidad de facto. Celebramos la fortaleza del ensamblaje nacional y la generación de empleo formal en este sector, que crece muy por encima del promedio manufacturero. Pero recordemos que un país desarrollado no es aquel donde todos tienen moto, sino aquel donde la moto es una opción y no la única alternativa ante el colapso del transporte público. Hasta que no resolvamos esa ecuación estructural, el récord de ventas será, en partes iguales, un logro empresarial y una deuda social.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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