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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Mercados · Análisis · 1 jun 2026

El trabajo invisible que Colombia no mide en PIB

La brecha de género en tareas no remuneradas alcanza 24,5 puntos porcentuales. Qué dice esto sobre la productividad real y el costo económico del desequilibrio doméstico.

El trabajo invisible que Colombia no mide en PIB — Mercados, ilustración editorial

Cuando el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) publica cifras de empleo, desempleo e ingresos, está midiendo apenas una parte del trabajo que mueve la economía. La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) de 2025 reveló una realidad incómoda: 90% de las mujeres colombianas mayores de diez años participan en actividades no remuneradas, frente a 65,5% de los hombres. Esa brecha de 24,5 puntos porcentuales no es un dato folclórico sobre costumbres domésticas. Es un indicador de ineficiencia económica y de cómo los países latinoamericanos siguen dejando productividad sobre la mesa.

El trabajo que no entra en las cuentas nacionales

Colombia mide su Producto Interno Bruto (PIB) con metodología de Sistema de Cuentas Nacionales, que captura transacciones monetarias formales. El cuidado de menores, la preparación de alimentos, la limpieza del hogar y el trabajo comunitario no remunerado quedan fuera. Organismos como la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) han estimado que el trabajo doméstico no remunerado representa entre 15% y 25% del PIB en la región, dependiendo del país y la metodología. Para Colombia, eso significaría entre USD 80.000 y 130.000 millones anuales en valor económico no contabilizado.

La concentración de estas tareas en mujeres tiene consecuencias medibles. Menos tiempo disponible para educación continua, menos horas para trabajo remunerado de mayor calificación, menor acumulación de capital humano. El Banco Mundial ha documentado que cuando las mujeres dedican más de 20 horas semanales a tareas domésticas no remuneradas, su participación en el mercado laboral formal se reduce entre 8% y 12%.

Comparación regional: ¿es Colombia un rezago?

En Argentina y Uruguay, según datos de CEPAL, la participación de mujeres en trabajo no remunerado ronda el 85%. En México, supera el 88%. Colombia está en el rango alto, pero no es un outlier extremo. Lo preocupante no es la cifra absoluta, sino que la brecha de género persista cuando otros indicadores de desarrollo femenino (educación superior, acceso a crédito) muestran avances.

Brasil ha invertido en políticas de corresponsabilidad: licencias parentales equitativas, subsidios para cuidado infantil formal, campañas de corresponsabilidad doméstica. El resultado no es la igualdad, pero sí una reducción de la brecha. Chile, a pesar de sus turbulencias políticas, ha avanzado en este terreno. Colombia no tiene una estrategia nacional clara al respecto.

Implicaciones para la política económica

Si el gobierno busca aumentar la tasa de participación laboral femenina (actualmente alrededor de 52%, según el DANE), debe entender que la barrera no es solo discriminación en la contratación. Es la carga de trabajo no remunerado que comienza cuando termina la jornada formal. Expandir guarderías públicas, subsidiar servicios de cuidado, promover corresponsabilidad en el hogar no son gastos sociales en el sentido tradicional. Son inversiones en capital humano con retorno fiscal.

Un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) de 2023 estimó que cerrar la brecha de participación laboral de género en América Latina podría agregar entre 1,4% y 2,1% al PIB regional en una década. Para Colombia, con un PIB nominal de aproximadamente USD 430.000 millones, eso representaría entre USD 6.000 y 9.000 millones en valor agregado adicional.

El dato que falta

La ENUT de 2025 es un instrumento valioso, pero incompleto. Mide participación (sí/no), pero no profundiza en intensidad horaria ni en cómo esa carga se distribuye según quintil de ingreso. Las mujeres pobres trabajan más horas no remuneradas que las de ingresos altos, que pueden tercerizar servicios. Esa interseccionalidad es invisible en el titular.

Tampoco hay seguimiento longitudinal. ¿Cambió la distribución de trabajo doméstico entre 2020 y 2025? ¿Aceleró la pandemia la digitalización del trabajo remoto y, con ella, la expectativa de que las mujeres hicieran ambas cosas simultáneamente? El DANE debería publicar series históricas comparables.

Conclusión

La cifra de 90% de participación femenina en trabajo no remunerado no es un problema de género abstracto. Es un problema de asignación de recursos. Mientras Colombia no reconozca el trabajo doméstico en sus cuentas nacionales, no diseñe políticas de corresponsabilidad y no invierta en servicios de cuidado, seguirá dejando productividad potencial sin explotar. Otros países de la región avanzan más lentamente, pero avanzan. Colombia sigue esperando.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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