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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Mercados · Análisis · 12 jun 2026

La pobreza monetaria baja al 28 % sin transformar la estructura productiva

Colombia reduce la pobreza por quinto año consecutivo, pero la mejora depende de transferencias y no de un crecimiento sostenido del ingreso laboral formal.

La pobreza monetaria baja al 28 % sin transformar la estructura productiva — Mercados, ilustración editorial

La reducción de la pobreza monetaria al 28 % en 2025, confirmada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), es una noticia que debe recibirse con prudencia analítica. Si bien el indicador refleja una mejora de 3,8 puntos porcentuales frente al año anterior y consolida una tendencia descendente de cinco años, la lectura desde la economía política sugiere que estamos ante un alivio coyuntural más que ante una transformación estructural. Para un país que aspira a converger con los estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la pregunta no es solo cuántos hogares superaron la línea de pobreza, sino bajo qué condiciones lo hicieron y si esa movilidad es reversible ante un choque externo o un ajuste fiscal.

Transferencias versus generación de riqueza

El dato del DANE coincide con un periodo de expansión del gasto social y de programas de transferencias monetarias que han funcionado como amortiguadores eficaces. Sin embargo, desde una perspectiva pro-mercado y de responsabilidad fiscal, es imperativo distinguir entre la reducción de la pobreza por vía del subsidio y la reducción por vía del ingreso laboral. La evidencia regional, documentada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), muestra que las transferencias son necesarias para evitar el colapso del consumo en crisis, pero insuficientes para sostener la movilidad social en el largo plazo sin un mercado laboral formal dinámico.

En Colombia, la informalidad sigue siendo el lastre que impide que la reducción de la pobreza se traduzca en ampliación de la clase media. Mientras el indicador monetario mejora, la estructura productiva no ha logrado absorber la fuerza laboral con salarios reales crecientes y protección social contributiva. Esto crea una dependencia fiscal peligrosa: si los ingresos del Estado se contraen por menores precios del petróleo o por reformas tributarias que desincentiven la inversión, los hogares que hoy aparecen por encima de la línea de pobreza podrían retornar a ella con rapidez. La sostenibilidad de este logro depende menos de la generosidad del presupuesto actual y más de la capacidad de la economía para generar valor agregado y comercio exterior competitivo.

La brecha rural como riesgo geopolítico interno

Un aspecto crítico de la medición de 2025 es la persistencia de la brecha territorial. Aunque la pobreza en cabeceras municipales bajó a 24,6 %, en los centros poblados y el rural disperso la incidencia se mantiene significativamente más alta, pese a una reducción de tres puntos porcentuales. Esta asimetría no es solo un problema de equidad social; es un riesgo de seguridad y gobernabilidad. En el contexto andino, las zonas rurales con alta pobreza monetaria y baja presencia institucional del Estado son los espacios donde la economía ilegal compite con ventaja frente a la legalidad.

Desde Bucaramanga y con la mirada puesta en las regiones, es evidente que la política social no puede desligarse de la política de desarrollo territorial productivo. La reducción de la pobreza extrema al 9,6 % es un avance loable que aleja a millones de colombianos de la indigencia, pero si esa reducción no viene acompañada de infraestructura, titulación de tierras y acceso a mercados globales para los productores rurales, el ciclo de violencia y atraso se perpetuará. La comparación con otros países de la Alianza del Pacífico nos recuerda que el libre comercio y la apertura económica han sido herramientas más efectivas para reducir la pobreza rural estructural que el asistencialismo aislado.

Señales para la política económica

El gobierno actual y la oposición deben leer este dato sin triunfalismos ni negacionismos. La baja de la pobreza es un hecho positivo que valida ciertos mecanismos de protección social, pero también es una advertencia sobre los límites del modelo actual. Para mantener la trayectoria descendente, Colombia necesita retomar la senda del crecimiento potencial, mejorar el clima de inversión y fortalecer la institucionalidad que garantiza la propiedad privada y la seguridad jurídica. Los socios internacionales, desde Washington hasta Bruselas, observan estos indicadores no solo como métricas sociales, sino como proxies de estabilidad democrática y viabilidad económica. Un país con menos pobres es más resiliente, pero solo si esos nuevos no-pobres tienen empleos formales y no subsidios temporales.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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