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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Política · Análisis · 23 may 2026

Fajardo mantiene distancia del uribismo sin cerrar el diálogo

El candidato de centro aceptó una reunión pública con Paloma Valencia, pero su campaña rechaza la adhesión. El voto del centro político se desmorona.

Fajardo mantiene distancia del uribismo sin cerrar el diálogo — Política, ilustración editorial

La reunión entre Sergio Fajardo y Paloma Valencia en Barranquilla, confirmada para el sábado en la cafetería del Hotel El Prado, representa menos un acercamiento político que una operación de comunicación controlada. Fajardo aceptó el encuentro, pero impuso sus términos: que fuera público y que le permitiera explicar su posición sobre la necesidad de un cambio electoral que escape a la polarización tradicional.

El matiz es importante. No es lo mismo aceptar un café que aceptar una alianza.

Según reportó La Silla Vacía, tanto Fajardo como varias fuentes de su campaña dejaron claro que no tienen intención de adherirse a Valencia y que seguirán su propia ruta hasta el 31 de mayo. La estrategia es coherente con su posicionamiento: mantener la independencia del centro como marca electoral, incluso si eso significa perder una oportunidad de sumar votos en primera vuelta.

Lo que Valencia busca es evidente. Según La Silla Vacía, la candidata cuestionó públicamente una encuesta de Invamer que la ubicaba en el 14 por ciento, buscando consolidar el voto de centro para derrotar a Abelardo de la Espriella en primera vuelta. Su campaña ha pivotado hacia la idea del “voto útil”, un concepto que históricamente ha funcionado en elecciones cerradas. Pero el problema para Valencia no es solo Fajardo. Es el colapso estructural del centro político colombiano.

Los números que reporta La Silla Vacía son contundentes. Según su Ponderador de Encuestas, Fajardo apenas marca 3 por ciento en intención de voto. Su coalición electoral eligió solo una congresista. De acuerdo con la misma fuente, Claudia López obtuvo 574 mil votos en su consulta interpartidista. El Partido Verde, que alguna vez encarnó el “mockusismo” del centro, redujo su representación a cinco curules en el Senado. Los votantes históricos del centro se han dispersado hacia otras opciones políticas.

Este es el verdadero problema de Fajardo. No es que rechace a Valencia por principios irrenunciables. Es que el centro político ya no es una fuerza electoral viable en Colombia. La polarización que él invoca como enemigo es precisamente lo que ha fagocitado su espacio político. Los electores que podrían votarlo ya eligieron bando.

¿Cuál es la lógica defensiva de Fajardo al mantener la independencia? Si se adhiere a Valencia y ella no pasa a segunda vuelta, su marca de candidato independiente queda comprometida. Si se adhiere y ella sí pasa, Fajardo entra a una segunda vuelta debilitado, sin autonomía política. En cambio, si sigue solo y llega a segunda vuelta —escenario que las encuestas hacen improbable—, conserva toda su capacidad de negociación.

Pero hay un riesgo mayor que Fajardo parece estar subestimando. La desaparición del centro como actor político independiente no es un fenómeno coyuntural. Es una reconfiguración de la geografía electoral colombiana. Si el centro no logra pasar a segunda vuelta, la elección se definirá entre dos polos que Fajardo ha rechazado sistemáticamente. Y entonces su discurso sobre la “polarización” habrá quedado sin destinatario.

La reunión de Barranquilla es, en ese sentido, simbólica. Fajardo aceptó el diálogo público porque necesita demostrar que sigue siendo un actor relevante. Pero su negativa a la adhesión reconoce una verdad incómoda: el centro político ya no tiene suficiente masa crítica para negociar su entrada a segunda vuelta. Lo que queda es la conversación, no la transacción.

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Columnista de La Bitácora

Catalina Restrepo Mejía

38 años, Medellín. Egresada de Ciencia Política de EAFIT con maestría en Periodismo de los Andes. 15 años cubriendo contratación pública y política regional.

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