La declaración del mando militar conjunto de Irán sobre la clausura del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, atribuida por Teherán al incumplimiento de acuerdos preliminares con Estados Unidos, ha encendido las alarmas en los mercados energéticos globales. Según reportó El País, esta medida se presenta como una represalia por los bombardeos israelíes en el sur del Líbano, aunque el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, señaló que no existen indicaciones técnicas que confirmen un cierre efectivo de la vía navegable. Para Colombia y la región andina, la distinción entre un bloqueo físico real y una amenaza estratégica es secundaria en el corto plazo: la prima de riesgo geopolítico ya se ha incorporado a los precios de los derivados y a los seguros marítimos, generando un choque de oferta que presiona la estabilidad macroeconómica local.
Transmisión del riesgo a la economía colombiana
Aunque Colombia no importa crudo directamente de Irán, su dependencia de los mercados internacionales de combustibles refinados y diésel la hace vulnerable a cualquier disrupción en los cuellos de botella del comercio energético. De acuerdo con datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), por el estrecho de Ormuz transita aproximadamente el 20% del consumo mundial de petróleo y una cuota significativa del gas natural licuado (GNL). Esta cifra, respaldada por organismos internacionales, ilustra la magnitud del riesgo sistémico: incluso una interrupción parcial o temporal contrae la oferta global disponible y dispara los fletes.
Para una economía que mantiene un déficit estructural en su balanza comercial de hidrocarburos, el impacto es doble. En primer lugar, se genera una presión alcista sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC) a través del componente de transporte y combustibles, lo que complica la senda de desinflación y limita el espacio para recortes de tasas de interés por parte del Banco de la República. En segundo lugar, el deterioro de la cuenta corriente podría acelerarse si los precios de importación de diésel se mantienen elevados durante varios meses, justo en un momento donde la Inversión Extranjera Directa (IED) requiere señales claras de estabilidad. La volatilidad externa, por tanto, se traduce en rigidez interna.
Geopolítica sin romanticismo ni simplificaciones
Desde una perspectiva institucionalista y pro-mercado, es imperativo analizar este episodio sin caer en narrativas ideológicas binarias. El cierre de una vía navegable internacional, de confirmarse, constituiría una violación al derecho del mar y un acto de coerción económica que afecta desproporcionadamente a las economías emergentes importadoras. Sin embargo, la prudencia analítica exige reconocer la complejidad operativa del escenario. La administración estadounidense enfrenta el dilema de gestionar la disuasión en el Golfo Pérsico mientras intenta sostener una tregua en Líbano que, según reportes de prensa internacional, ninguna de las partes ha respetado plenamente.
Esta tensión revela las limitaciones de la diplomacia coercitiva cuando los actores regionales perciben incentivos existenciales para escalar. Para Colombia, la lección estratégica trasciende la coyuntura inmediata: evidencia la fragilidad de depender de cadenas de suministro energético globales sin una política de diversificación robusta y sin una integración regional efectiva. Mientras la región andina continúe siendo tomadora de precios en energía, cada crisis en Oriente Medio se transmitirá mecánicamente a los balances fiscales y a los bolsillos de los consumidores en Bucaramanga o Bogotá.
La respuesta no puede ser únicamente diplomática ni reactiva. Requiere fortalecer la seguridad energética mediante infraestructura que reduzca la exposición a estos choques exógenos y acelerar la transición hacia fuentes que no estén sujetas a la volatilidad de regímenes autoritarios o a conflictos geopolíticos lejanos. No se trata de tomar partido en el conflicto levantino, sino de proteger la estabilidad económica nacional ante la instrumentalización de los bienes públicos globales. Las proyecciones de crecimiento para la región andina podrían revisarse a la baja si la prima de riesgo se mantiene elevada durante el tercer trimestre, según estimaciones preliminares de analistas de riesgo político. En un mundo interdependiente, la distancia geográfica con Ormuz es irrelevante; la seguridad energética es, en última instancia, seguridad nacional.