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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Política · Análisis · 1 jun 2026

La Registraduría cumplió; Petro cuestionó sin evidencia

Mientras la autoridad electoral entregó resultados verificables en primera vuelta, el presidente sembró dudas sobre la integridad del proceso sin presentar pruebas de irregularidades.

La Registraduría cumplió; Petro cuestionó sin evidencia — Política, ilustración editorial

La jornada electoral del 1 de junio de 2026 dejó un contraste institucional que merece análisis sin concesiones: la Registraduría Nacional cumplió con su mandato; el gobierno nacional no.

Hernán Penagos Giraldo, registrador, logró que antes de las 17:00 horas se conocieran los resultados de primera vuelta con 10,3 millones de votos para Abelardo de la Espriella y 9,6 millones para Iván Cepeda. Más de 360.000 actas fueron disponibilizadas para consulta de ciudadanos, medios, partidos y campañas políticas. Esto no es un detalle administrativo: es la materialización del derecho político fundamental a verificar.

La Misión de Observación de la Unión Europea reportó ausencia de incidentes en las mesas monitoreadas. Esteban González Pons, miembro del Parlamento Europeo, constató presencia suficiente de jurados y constitución oportuna de mesas. El senador Bernie Moreno, observador internacional estadounidense, validó el proceso y confirmó su regreso para la segunda vuelta. Human Rights Watch, por conducto de Juanita Goebertus, respaldó la independencia y confiabilidad del sistema electoral colombiano.

Ninguna de estas instituciones —ni europeas ni estadounidenses ni de derechos humanos— reportó fraude.

Simultáneamente, el presidente Gustavo Petro cuestionó sin fundamento la integridad del proceso. Según reportó El Colombiano, Penagos se refirió explícitamente a “ataques sin fundamento hechos por el presidente”. No hubo acusación específica de irregularidad. No hubo presentación de actas alteradas. No hubo denuncia ante autoridades competentes. Hubo siembra de desconfianza.

Esta es una línea roja institucional. Un presidente tiene derecho a cuestionar resultados electorales cuando dispone de evidencia verificable y la canaliza por las vías legales establecidas: impugnaciones ante la Corte Constitucional, denuncias ante la Fiscalía General, solicitudes de auditoría ante organismos internacionales. Petro no hizo nada de esto. Hizo lo que hace: sembrar dudas en redes sociales.

La diferencia entre escepticismo legítimo y erosión institucional es la diferencia entre decir “solicito verificación de X actas porque encontré discrepancias” y decir “el sistema está amañado” sin presentar una sola acta alterada.

Colombia tiene un sistema electoral que, a diferencia de muchos en la región, permite trazabilidad. Cada acta es pública. Cada voto es verificable. Cada irregularidad es denunciable. Eso no significa que sea perfecto: ningún sistema lo es. Pero significa que el fraude masivo sería detectado en horas, no en semanas.

La Defensoría del Pueblo, bajo Iris Marín Ortiz, documentó presiones de grupos armados ilegales en territorios. Eso es un problema real y grave que requiere acción fiscal y de seguridad. Pero eso no es lo mismo que fraude electoral. Una cosa es que grupos armados intenten constreñir el voto; otra es que lo logren a escala nacional sin dejar rastro.

Donde sí hubo falla institucional fue en la precisión de las encuestas. Atlas Intel erró en 7,4 puntos con De la Espriella. Guarumo erró en 37,9 puntos en el agregado de candidatos. Eso es un problema de calidad metodológica que merece revisión. Pero tampoco es fraude: es incompetencia técnica, que es distinto.

Lo que vemos es un patrón: cuando los resultados no favorecen al gobierno, la respuesta es cuestionar la autoridad electoral, no la propia estrategia política. Eso debilita las instituciones que precisamente protegen el voto de minorías, incluidas futuras minorías políticas.

La segunda vuelta ocurrirá en tres semanas. Los observadores internacionales regresarán. Las actas volverán a estar disponibles. Si el presidente tiene evidencia de irregularidades, tiene tiempo y canales para presentarla. Si no la tiene, tiene la responsabilidad institucional de reconocer que la Registraduría funcionó.

Un Estado de derecho no se sostiene solo en instituciones. Se sostiene en que quienes pierden elecciones aceptan los resultados. Penagos entregó las herramientas para verificar. Ahora le toca al gobierno decidir si confía en sus propias instituciones o si prefiere minarlas.

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Columnista de La Bitácora

Catalina Restrepo Mejía

38 años, Medellín. Egresada de Ciencia Política de EAFIT con maestría en Periodismo de los Andes. 15 años cubriendo contratación pública y política regional.

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