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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Geopolítica · Análisis · 4 jun 2026

Moscú aprieta Armenia mientras Ereván gira hacia Europa

Rusia despliega presión comercial y energética para frenar el acercamiento de Armenia a la Unión Europea antes de elecciones clave. El patrón de coerción se repite en toda la órbita postsoviética.

Moscú aprieta Armenia mientras Ereván gira hacia Europa — Geopolítica, ilustración editorial

La tensión en el Cáucaso Sur refleja un dilema que define la geopolítica regional desde hace tres décadas: los Estados postsoviéticos oscilan entre dos gravitaciones irreconciliables. Armenia, ahora con elecciones parlamentarias en puerta, enfrenta precisamente esa encrucijada, y Moscú está respondiendo con el manual clásico de coerción que ha ensayado en Bielorrusia, Georgia y Ucrania.

Según reportes de la Unión Europea, el Kremlin ha intensificado restricciones comerciales y amenazas de corte de suministro energético para influir en los comicios. No es retórica: Armenia depende de Rusia para aproximadamente el 80% de su energía, según datos del Banco Mundial. Cuando un régimen controla la llave del gas, la amenaza no es simbólica.

El patrón de coerción postsoviético

Lo que ocurre en Ereván no es anómalo. Es el mismo libreto que Moscú ejecutó en Georgia (2008), Ucrania (2014-2022) y Bielorrusia (2020). Cuando un aliado tradicional de la esfera rusa muestra signos de reorientación hacia Occidente, Moscú despliega un arsenal graduado: primero, campañas de desinformación; luego, presión comercial; finalmente, amenazas energéticas o militares.

Armenia representa un caso particularmente sensible porque su geografía la hace vulnerable. Rodeada por Azerbaiyán (aliado de Turquía) y Turquía misma, Armenia históricamente ha visto a Rusia como su garante de seguridad. Pero esa relación se erosionó tras la derrota militar de 2020 contra Azerbaiyán, cuando Moscú no intervino decisivamente. Ese vacío ha abierto espacio para que Ereván explore vínculos con la Unión Europea, particularmente en justicia, estado de derecho y gobernanza.

La trampa de la dependencia energética

La amenaza rusa de cortar gas no es un acto de desesperación, sino un cálculo deliberado. Armenia, como la mayoría de repúblicas postsoviéticas, heredó una infraestructura energética diseñada en Moscú para maximizar la dependencia mutua. Romper esa dependencia requiere años de inversión en diversificación (gasoductos alternativos, energías renovables, interconexiones con Irán o Georgia). Mientras tanto, el gas ruso sigue siendo la opción más barata y disponible.

Esto genera un dilema para Ereván: ¿cómo aproximarse a Europa sin provocar represalias que corten el calefactor en invierno? La Unión Europea puede ofrecer apoyo institucional, pero no puede reemplazar instantáneamente la energía rusa. Ese desfase temporal es donde Moscú ejerce su palanca.

Implicaciones para la región andina

¿Por qué debería importar esto en Bogotá? Porque el patrón que observamos en Armenia es el mismo que podría replicarse en cualquier país latinoamericano que intente diversificar sus alianzas geopolíticas sin romper completamente con actores rivales.

Colombia, por ejemplo, mantiene una dependencia energética mucho menor que Armenia, pero sí depende de mercados específicos (petróleo a China, café a múltiples destinos). Si Colombia intensificara su alineación atlántica (con Estados Unidos y Europa) sin gestionar cuidadosamente sus relaciones con potencias alternativas, podría enfrentar presiones comerciales similares. No es paranoia: es geometría geopolítica.

Además, el caso armenio ilustra cómo la Unión Europea intenta expandir su influencia en regiones históricamente rusas, pero sin ofrecer las garantías de seguridad que Rusia proporciona (aunque sea de forma coercitiva). Ese vacío es donde emergen conflictos. En Latinoamérica, un patrón análogo podría ocurrir si Estados Unidos promueve alineamientos sin ofrecer seguridad creíble contra actores regionales rivales (como Venezuela, Nicaragua o grupos no estatales).

La desinformación como arma de nivelación

El arsenal ruso incluye también campañas de desinformación dirigidas a deslegitimar gobiernos pro-occidentales. En Armenia, esas campañas buscan convencer al electorado de que acercarse a Europa traerá inseguridad o pobreza. Es una estrategia de “nivelación hacia abajo”: si no puedo ofrecer prosperidad, al menos convenzo a la población de que Occidente tampoco puede.

Este mecanismo es particularmente efectivo en contextos donde la confianza institucional es baja y donde existen grietas sociales reales (desempleo, desigualdad, inseguridad). Armenia, como muchos países postsoviéticos, sufre emigración masiva y estancamiento económico. Esa vulnerabilidad social es el terreno donde germina la desinformación.

Qué esperar

Las elecciones armenias del domingo serán un test sobre si la presión rusa logra frenar el giro europeo. Si Pashinian (primer ministro pro-occidental) retiene apoyo electoral, Moscú enfrentará una derrota simbólica importante. Si cede, la Unión Europea perderá un aliado potencial en el Cáucaso.

Lo probable es un resultado mixto: Ereván seguirá buscando equilibrio entre Rusia y Occidente, pero con mayor fricción. Ese equilibrio inestable es el futuro de muchas regiones fronterizas entre grandes potencias.

Para Colombia y la región andina, la lección es clara: la diversificación geopolítica requiere tiempo, inversión en infraestructura alternativa y, sobre todo, gestión cuidadosa de dependencias heredadas. No se puede saltar de una órbita a otra sin consecuencias. Armenia lo está aprendiendo a costa de su seguridad energética.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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