El fenómeno de El Niño llega fuerte a Colombia. En Neiva, donde el balance hídrico ya corre en rojo, eso significa sequía prolongada, vegetación seca y condiciones perfectas para que un descuido encienda las montañas.
Lo preocupante no es que llegue el fuego. Es que la ciudad sigue esperándolo sin moverse.
La prevención es el eslabón roto. Mientras los organismos de respuesta aguardan emergencias para activarse, nadie convoca campañas anticipatorias, no hay información accesible para ciudadanía, y la subestación de bomberos entregada en 2025 al oriente de la ciudad sigue sin funcionar. Esa estación debería mejorar cobertura en las comunas 5, 7, 8 y 10. No lo hace.
El tiempo no está a favor. Las festividades sampedrinas coinciden con el pico de calor. Las altas temperaturas, la hojarasca acumulada y los pastizales secos son combustible listo. Una quema mal controlada, un fumador distraído, días consecutivos sin lluvia: es todo lo que falta.
Aquí está el dilema. Construir franjas cortafuegos, recuperar rondas hídricas, mantener coberturas vegetales, crear cultura ambiental: nada de esto produce resultados visibles en semanas. A administradores impacientes no les atrae. Pero es la única forma de reducir riesgo a largo plazo. Los incendios no solo queman flora. Alteran ciclos del agua, degradan suelos, fragmentan ecosistemas ya presionados por expansión humana.
Neiva tiene dos caminos: prevenir ahora o reaccionar después. La ciudad sigue eligiendo el segundo.
Fuente: La Nación (Neiva)