La semana pasada, el embajador de China en Colombia anunció la donación de 15.000 toneladas de arroz al Caribe. El presidente Petro respondió con una propuesta propia: enviar excedentes de arroz colombiano a Cuba. El anuncio, reportado por La República, abre una serie de interrogantes sobre la política exterior del gobierno y su relación con la cooperación internacional.
Primero, los hechos. Según el reporte, la iniciativa presidencial surgió como respuesta directa al gesto chino. No se trata de una política de largo plazo anunciada previamente, sino de una reacción a un acto diplomático de terceros. Eso importa porque señala una dinámica reactiva en lugar de proactiva.
Colombia tiene capacidad exportadora de arroz. El país produce más de lo que consume internamente, y existen mercados globales para este producto. Que el gobierno considere destinar excedentes a donaciones bilaterales es una decisión política legítima. Otros países lo hacen. Pero la pregunta relevante es si esta decisión responde a un análisis de política exterior coherente o si es, más bien, un gesto simbólico sin cálculo estratégico.
La alineación de Petro con gobiernos de izquierda regional es conocida. Su relación con Cuba es pública. Que busque fortalecer vínculos mediante donaciones de alimentos no sorprende. Lo que sí requiere escrutinio es el contexto: ¿qué beneficio obtiene Colombia de esta transferencia? ¿Hay contrapartidas comerciales o diplomáticas? ¿Se consultó con el sector agrícola nacional sobre la disponibilidad real de excedentes?
Tampoco está claro si esta medida tiene respaldo legislativo o si se implementaría por decreto. El gobierno ha usado ampliamente facultades extraordinarias en materia comercial. Si se trata de una decisión ejecutiva unilateral sobre bienes que podrían canalizarse al mercado internacional, el Congreso debería exigir transparencia sobre los términos.
La donación china de 15.000 toneladas es, en números, significativa. Pero también es un gesto geopolítico. Beijing ha intensificado su presencia en América Latina mediante ayuda alimentaria, infraestructura y créditos. Que Colombia responda con donaciones propias es un juego de diplomacia de bajo costo. El riesgo es que se convierta en una competencia por gestos sin sustancia.
Hay un aspecto que La Bitácora considera central: la coherencia. El gobierno Petro ha enfatizado la seguridad alimentaria como prioridad doméstica. Ha criticado gobiernos anteriores por no invertir en agricultura. Ha prometido fortalecer el sector rural. Simultáneamente, anuncia donaciones de excedentes a terceros países. Eso no es necesariamente contradictorio, pero exige explicación clara sobre cómo se articulan estas políticas.
Tampoco puede ignorarse el mensaje que se envía internamente. Si hay excedentes disponibles para donación, ¿por qué no se usan para programas de seguridad alimentaria doméstica? ¿Por qué no se ofrecen a precios subsidiados en zonas rurales pobres? La decisión de donar a Cuba antes que invertir en consumo interno es una opción política que merece debate público.
En términos de relaciones bilaterales, la respuesta de Petro a China es diplomáticamente astuta. Muestra que Colombia también puede ser generosa, que no es pasiva ante iniciativas de potencias externas. Pero esa astucia no debe confundirse con estrategia. Una política exterior coherente requiere objetivos claros: ¿qué busca Colombia con Cuba? ¿Comercio? ¿Influencia política? ¿Solidaridad ideológica? ¿Cómo se mide el éxito?
Lo que falta en el anuncio presidencial es precisamente eso: claridad. Se conoce la reacción, no la estrategia. Se sabe que hay excedentes para donar, no cuántos ni bajo qué criterios de disponibilidad. Se entiende que hay una afinidad política con Cuba, no cómo esa afinidad se traduce en beneficio mutuo verificable.
El Estado de derecho institucionalista que La Bitácora defiende requiere que las decisiones de política exterior, especialmente las que implican transferencia de bienes públicos, sean transparentes, debatidas y justificadas. No basta con gestos. Se necesitan números, términos y objetivos explícitos.
Por ahora, el anuncio de Petro sobre arroz a Cuba queda como lo que es: una respuesta a China. Hasta que el gobierno detalle los términos, la disponibilidad verificada de excedentes y los objetivos de largo plazo, es difícil evaluar si se trata de diplomacia inteligente o de populismo de bajo costo.