La decisión de Donald Trump de respaldar públicamente a Alejandro De la Espriella en la contienda presidencial colombiana de 2026 no sorprende a los analistas de relaciones hemisféricas. Como señala Michael Shifter, presidente emérito del Inter-American Dialogue, el movimiento encaja dentro de una lógica más amplia: Washington busca reforzar su influencia en América Latina mediante el apoyo a candidatos alineados con su visión de comercio, seguridad y contención de la influencia china.
Pero lo que importa para Colombia no es el gesto de campaña en sí, sino lo que revela sobre cómo Washington está recalibrando su estrategia regional después de cuatro años de gobierno Petro.
La reconfiguración de Washington en la región
La administración Trump regresa a la Casa Blanca con una agenda clara para América Latina: recuperar protagonismo después de percibir un vacío dejado por políticas que consideró demasiado blandas con regímenes no alineados. El apoyo a De la Espriella no es un capricho electoral, sino parte de un patrón más amplio de reposicionamiento.
En Nicaragua, el régimen de Daniel Ortega mantiene su represión sin que Washington logre incidir. En Venezuela, la posición de Nicolás Maduro se ha consolidado pese a las sanciones. En el Triángulo Norte, la migración sigue siendo una presión política interna estadounidense. En este contexto, Colombia emerge como el aliado más confiable de Washington en la región andina, pero solo si el próximo gobierno mantiene alineación en temas de seguridad, comercio y política exterior.
De la Espriella representa, en la lectura de Trump, esa continuidad institucionalista que Washington valora: pro-OTAN (en términos de alianza occidental), pro-libre comercio, y con historial de cooperación en seguridad. El respaldo público busca señalar a los electores colombianos que la opción “segura” para las relaciones con Washington es la que ofrece previsibilidad.
Lo que esto significa para Bogotá
El aval de Trump genera una paradoja incómoda para cualquier candidato que lo reciba. En Colombia, donde el rechazo a la “injerencia estadounidense” tiene raíces históricas profundas, ser etiquetado como “candidato de Washington” puede ser tanto un activo como un pasivo electoral, dependiendo del segmento de votantes.
Para el gobierno actual, el respaldo a la oposición es una crítica velada: Trump está señalando que la actual administración no cumple con los estándares de alineación que Washington espera. Esto tiene consecuencias concretas: visas, cooperación militar, acceso a mercados, y negociaciones sobre remesas y migración.
Para el próximo gobierno, sea quien sea, habrá presión implícita de Washington para mantener una política exterior más cercana al eje Bogotá-Washington-Brasilia. Esto incluye posiciones más firmes frente a Venezuela, mayor vigilancia sobre actores no estatales en la frontera, y probablemente una revisión de la política de drogas que Petro ha intentado reorientar.
El factor brasileño
No puede analizarse la estrategia de Trump sin considerar a Brasil. Luiz Inácio Lula da Silva ha mantenido una posición más independiente en relaciones con Washington, priorizando la integración sudamericana y una apertura mayor hacia China. El apoyo de Trump a De la Espriella también es un mensaje indirecto a Brasilia: Washington está buscando aliados en la región que no cuestionen su liderazgo.
Colombia, geográficamente ubicada entre Venezuela y Brasil, se convierte en una pieza crítica de ese ajedrez. Un gobierno alineado con Washington en Bogotá facilita la contención de influencia brasileña y venezolana en la región andina.
Incertidumbre y límites
Es importante no sobrestimar el peso de estos respaldos externos. Los electores colombianos votan por razones domésticas: empleo, seguridad, educación, salud. El apoyo de Trump puede ser marginal en la decisión final, o incluso contraproducente si se percibe como intervención.
Además, la política estadounidense es volátil. Si Trump pierde poder político en Washington, o si la administración enfrenta crisis domésticas, el valor de su respaldo se deprecia rápidamente. Los candidatos que construyen su campaña sobre el apoyo externo corren riesgos innecesarios.
Lo que sí es claro es que Washington ha tomado una posición explícita sobre el rumbo que desea para Colombia. La pregunta que los votantes colombianos deben hacerse no es si Trump tiene razón, sino si los intereses geopolíticos de Washington coinciden plenamente con los intereses de desarrollo, seguridad y bienestar que Colombia necesita resolver en los próximos años.
Fuente: El Tiempo