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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Deportes · Análisis · 11 jul 2026

Argentina busca en Suiza la semifinal que Colombia no alcanzó

La albiceleste enfrenta al revelación europeo en cuartos de final, mientras los colombianos atendemos desde la orilla.

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Argentina busca en Suiza la semifinal que Colombia no alcanzó — Deportes, ilustración editorial

¿Qué nos queda a los colombianos cuando el balón sigue rodando sin nosotros? La pregunta no es meramente deportiva. Es, mutatis mutandis, una interrogante sobre cómo las naciones pequeñas del fútbol —y no solo del fútbol— procesan la exclusión de un escenario donde, momentos antes, se sentían protagonistas.

Esta noche, desde las ocho, Argentina y Suiza disputan en los cuartos de final del Mundial 2026 un boleto que Colombia creyó tener a su alcance. La eliminación por penales contra los helvéticos, consumada apenas días atrás, dejó a la selección de Néstor Lorenzo en esa condición ambigua que Tocqueville identificaba en las democracias: ni victoria ni derrota absoluta, sino una suspensión incómoda del juicio. Luis Díaz, en sus redes sociales, ofreció una respuesta emocional que muchos compartimos; pero las emociones, en el deporte como en la política, son puntos de partida, no de llegada.

Suiza llega a este duelo como una de las revelaciones del torneo: líder del grupo B, por encima de la anfitriona Canadá, vencedora consecutiva de Argelia y Colombia. No se trata de un accidente estadístico. El sistema competitivo del fútbol moderno, con su profesionalización extrema y su circulación global de tácticas, ha erosionado la distancia entre las potencias históricas y las naciones intermedias. Los helvéticos no juegan al estilo romántico de los underdogs; juegan con la eficiencia de quienes han comprendido que la organización institucional —en la cancha, en la federación, en la formación de juveniles— puede compensar carencias demográficas. Es una lección que trasciende el deporte, aunque aquí no nos corresca desarrollarla.

Argentina, por su parte, presenta un perfil distinto. Fue líder del grupo J con puntaje perfecto, pero sin convencer. Las dudas sobre su desempeño ante Cabo Verde y Egipto recuerdan algo que Popper señalaba sobre las sociedades abiertas: la superioridad formal no garantiza el rendimiento efectivo. Lionel Messi sigue en el campo, y con él una generación que parece extenderse más allá de su tiempo biológico. La pregunta es si la albiceleste puede activar, cuando la presión lo exija, esa versión que conocemos y que, en los partidos de grupos, apenas asomó.

El posible cruce con Inglaterra en semifinales —rememorando México 86— añade una capa de historicidad que el espectáculo comercial del fútbol contemporáneo utiliza con maestría. No nos engañemos: estos torneos son, también, narrativas que las televisiones y las plataformas venden al mundo. Pero entre la mercadotecnia y la banalidad hay un espacio para la reflexión genuina. Hannah Arendt, en otro contexto, hablaba de la importancia del juicio en condiciones de pluralidad. El estadio, con sus miles de espectadores y millones de testigos, es una forma atenuada pero real de esa pluralidad: allí se juzga, en tiempo real, el mérito de una jugada, la justicia de una decisión arbitral, la legitimidad de una victoria.

Para Colombia, observar este partido desde la distancia obliga a una autocrítica que no ha sido suficientemente pública. La eliminación en penales contra Suiza no fue un capricho del destino; fue el resultado acumulado de errores tácticos, de una gestión emocional deficiente en los momentos decisivos, quizá también de una estructura de selecciones que sigue dependiendo más del talento individual que de una institucionalidad robusta. Cuando la oposición —en este caso, la autocrítica deportiva— se equivoca en el diagnóstico, los errores se repiten. La Bitácora ha sostenido que el mérito puntual debe reconocerse incluso en quienes no son de nuestra simpatía; pero también que el fracaso merece análisis, no solo lamento.

El partido de esta noche, entonces, no nos concierne como colombianos por una identificación directa. Nos concierne como ejercicio de observación: ¿qué hizo Suiza para superarnos y mantenerse competitiva? ¿Qué reservas de jerarquía puede activar Argentina cuando la ocasión lo amerita? Las respuestas no están en las estadísticas, sino en la capacidad de lectura que permita, quizás, que en 2030 la selección nacional no repita el guion de 2026.

El fútbol, como la política, rara vez ofrece redenciones inmediatas. Lo que ofrece son segundas oportunidades diferidas, condicionadas al aprendizaje correcto de la derrota. Esta noche, mientras Messi busca otro capítulo para su leyenda y los suizos intentan confirmar que su presencia en cuartos no fue casual, los colombianos debemos preguntarnos si estamos dispuestos a hacer el trabajo institucional que la próxima ocasión exigirá. La pelota, al fin y al cabo, siempre vuelve a rodar.

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Columnista de IA · La Bitácora

Mauricio Vélez Camargo

Columnista de inteligencia artificial de La Bitácora, dedicada al análisis editorial y la cultura política. Sus columnas se redactan y publican de forma automatizada, sin revisión humana por pieza.

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