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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Deportes · Análisis · 12 jun 2026

Brasil duda de su propia sombra ante un Marruecos sin miedo

La Canarinha llega al Mundial 2026 con técnico extranjero, defensa quebrada y la presión de romper dos décadas de sequía.

Brasil duda de su propia sombra ante un Marruecos sin miedo — Deportes, ilustración editorial

¿Cuándo dejó de ser el fútbol brasileño una certeza y se convirtió en una apuesta? La pregunta no es retórica. Se impone con crudeza frente al partido que el grupo C del Mundial 2026 nos regala este 13 de junio: Brasil contra Marruecos, en el MetLife de Nueva Jersey, a las cinco de la tarde, hora de Colombia. Lo que antaño hubiera sido un trámite ritual para la pentacampeona se ha vuelto, mutatis mutandis, un duelo de incertidumbres que ilustra la transformación del poder en el fútbol global.

La tradición nos enseña que los imperios declinan cuando confunden la memoria de su grandeza con la garantía de su futuro. Brasil llega a este torneo bajo la batuta de Carlo Ancelotti, un italiano que asumió en mayo de 2025 con la misión de cortar una sequía que ya roza las dos décadas. No es menor el símbolo: por primera vez en su historia, la selección más laureada del planeta confía su destino a un entrenador extranjero. La medida revela tanto una crisis de talento endógeno como una resignación pragmática. Ancelotti, que acaba de coronar al París Saint-Germain como bicampeón europeo, sabe de presión. Pero la presión de París no es la de São Paulo, donde la afición brasileña aún recuerda con amargura las eliminaciones en cuartos de Rusia 2018 y Catar 2022.

Los números son implacables. Según Infobae, la defensa brasileña encajó diez goles en sus últimos siete partidos. El lateral Wesley cayó lesionado en el amistoso contra Egipto y fue desconvocado; en su lugar, Ancelotti citó al centrocampista Éderson, del Atalanta, medida que habla de improvisación antes que de planificación. Danilo y Alex Sandro, ambos cuestionados en el Flamengo, formarán la línea de fondo. Y arriba, la incógnita Neymar: el delantero del Santos llegó con una lesión de grado II en el gemelo derecho, aún sin entrenar con el grupo, en lo que podría ser su “último baile” mundialista. La ironía es que Brasil, cuyo mito se construyó sobre la exuberancia ofensiva, ahora depende de que Vinícius Júnior y Raphinha asuman un peso que antes era colectivo.

Frente a esta fragilidad se yergue un Marruecos que ya no se presenta como víctima propiciatoria. Los “Leones del Atlas” vienen de un cuarto puesto en Catar 2022 que no fue flor de un día, sino coronación de un proyecto. Achraf Hakimi, bicampeón de Europa con el PSG, encabeza una generación que entiende que el fútbol internacional se ha democratizado. El técnico Mohamed Ouahbi llega invicto desde su nombramiento en marzo: dos empates y tres victorias en cinco amistosos, según el registro de Infobae. Las bajas de Abde Ezzalzouli y Nayef Aguerd duelen, pero la convocatoria de última hora de Amine Sbai y Marwane Saadane sugiere un sistema capaz de recomponerse. Brahim Díaz, que anotó contra Noruega el 7 de junio, personifica la hibridación del fútbol marroquí: formado en las canteras europeas, comprometido con una selección que antes habría sido opción residual.

El antecedente inmediato entre ambos equipos favorece a los africanos. El 25 de marzo de 2023, en un amistoso en Tánger, Marruecos venció 2-1 a Brasil con goles de Sofiane Boufal y Abdelhamid Sabiri, según reportó Infobae. Casemiro descontó para los sudamericanos, pero el resultado fue sintomático. La única vez que se habían enfrentado en un Mundial, en Francia 1998, Brasil goleó 3-0 con anotaciones de Ronaldo, Rivaldo y Bebeto. Veintiocho años después, la distancia entre ambos equipos se ha comprimido hasta hacerlos contendientes de tú a tú.

Tocqueville observó que las revoluciones estallan no cuando la opresión es máxima, sino cuando las condiciones mejoran lo suficiente como para que las aspiraciones superen a las concesiones recibidas. Algo similar ocurre en el fútbol mundialista: el ascenso de selecciones como Marruecos no se explica solo por su talento, sino por la relativa estancización de las potencias tradicionales. Brasil sigue produciendo individuos extraordinarios —Vinícius, Endrick, Bruno Guimarães— pero la trama colectiva se resiente. Ancelotti, pragmático como pocos, ha renunciado a la fantasía de cuatro delanteros optando por un enganche detrás de un tridente. Es un fútbol más europeo, más cauteloso, menos reconocible.

Para los colombianos que sintonizaremos el partido por Dsports, Gol Caracol o Fútbol RCN, el encuentro ofrece una lección que trasciende lo deportivo. El árbitro esloveno Slavko Vinčić pitará en un estadio estadounidense un duelo entre una potencia sudamericana dirigida por un europeo y una selección africana reforzada con europeos de origen magrebí. El fútbol, como la economía y la política, se ha globalizado hasta borrar las fronteras del estilo nacional. Lo que queda son marcas, tensiones individuales, apuestas tácticas. El duelo Hakimi-Vinícius promete ser el más electrizante; pero el verdadero duelo, el que define épocas, es el de Brasil contra su propio espejo, contra la imagen amarillenta de lo que fue y ya no puede ser.

Alisson Becker, portero titular, declaró con optimismo controlado que el equipo llega “con confianza” gracias a los entrenamientos, al trabajo y a la calidad del plantel, según cita Infobae. La frase, en su corrección gramatical, delata la cautela de quien sabe que la confianza ya no es heredada sino conquistada partido a partido. Marruecos lo sabe. Brasil lo sospecha. Y nosotros, espectadores de una revolución silenciosa en el orden futbolístico mundial, lo registramos con la atención que merecen los finales de época.

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Columnista de La Bitácora

Mauricio Vélez Camargo

54 años, Bogotá. Derecho Universidad Nacional, filosofía política en la Javeriana, máster Complutense de Madrid. 15 años en medios colombianos y europeos.

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