Colombia cerró el primer trimestre de 2026 con un crecimiento de 2,2%, una cifra que refleja menos fortaleza de la que sugiere el titular. Detrás del número hay una composición problemática: el Estado y el consumo de los hogares financiaron casi todo el avance, mientras que los motores tradicionales de expansión sostenible—construcción, agricultura y extracción—permanecen estancados.
Esta estructura de crecimiento plantea una pregunta incómoda para los próximos 18 meses: ¿cuánto tiempo puede una economía crecer principalmente por inyección fiscal sin que se traduzca en productividad, empleo de calidad o capacidad exportadora?
El gasto público como muleta temporal
El consumo del gobierno ha sido el colchón contra la recesión. Esto es comprensible en contextos de crisis—y Colombia enfrentó choques reales en 2024 y 2025—pero cuando el gasto corriente (funcionarios, transferencias, subsidios) supera al gasto de inversión, el crecimiento se vuelve inflacionario sin ser transformador.
La región andina ha visto este patrón antes. Perú en 2012-2014 creció sobre gasto público sin reforma tributaria; Ecuador en 2007-2009 usó ingresos petroleros de la misma forma. Ambos países enfrentaron después ajustes fiscales abruptos que comprimieron demanda y empleo.
Colombia tiene una ventaja: ingresos tributarios más diversificados y deuda en moneda propia. Pero eso no es blindaje. Es solo un margen más amplio antes de que los mercados financieros cuestionen la sostenibilidad.
Consumo de hogares: ¿recuperación o espejismo?
El consumo privado también creció, lo que a primera vista parece positivo. Pero aquí el contexto importa. Si ese consumo se financia con crédito de corto plazo o con desahorro de remesas—no con ingresos laborales reales—es un impulso temporal, no una base.
Las remesas desde Estados Unidos y España siguen siendo amortiguador para millones de hogares colombianos. Pero están bajo presión: la economía estadounidense muestra signos de desaceleración, y la política migratoria es cada vez más restrictiva. Un shock en remesas golpearía directamente el consumo de los hogares de ingresos medios-bajos que dependen de ellas.
La ausencia de construcción es una alarma
La construcción colombiana es indicador adelantado de confianza empresarial y expectativas de largo plazo. Su debilidad en el primer trimestre no es coyuntural; refleja incertidumbre sobre rentabilidad futura, regulación ambiental, y capacidad de pago de compradores.
Esto tiene implicaciones para el empleo. La construcción genera casi 800.000 empleos directos e indirectos en Colombia. Si sigue contraída, el desempleo seguirá presionando hacia arriba, lo que a su vez debilita el consumo de hogares que dependen de ingresos de trabajo.
Agricultura y minería: la brújula rota
Que agricultura y minería no lideren crecimiento es particularmente preocupante en una economía que exporta principalmente commodities. Cuando estos sectores se estancan, significa:
- Debilidad en divisas. Las exportaciones no crecen al ritmo que necesita Colombia para financiar importaciones de capital e insumos.
- Presión sobre el tipo de cambio. Un peso débil ayuda a corto plazo (hace más competitivas las exportaciones), pero encarece importaciones y alimenta inflación.
- Desempleo rural. La agricultura sigue siendo fuente de empleo en departamentos como Córdoba, Sucre, Cauca. Su estancamiento profundiza desigualdad regional.
La minería, además, enfrenta presión política creciente por regulación ambiental—legítima en muchos aspectos—pero sin que haya inversión pública o privada en diversificación productiva que compense.
Comparación regional: ¿cómo está Colombia?
Ecuador creció 1,8% en el mismo período; Perú, 2,4%. Colombia está en el medio, pero con una diferencia: sus motores de crecimiento son menos sostenibles que los de Perú (donde minería y manufactura tienen más peso) y menos volátiles que los de Ecuador (que depende más de petróleo).
Brasil, con 2,1% en el primer trimestre, enfrenta problemas similares: gasto público elevado, construcción débil, pero con una ventaja: su sector manufacturero exportador es más robusto.
Implicaciones para los próximos trimestres
Si el patrón se mantiene—crecimiento liderado por gasto público y consumo, sin dinamismo en inversión privada ni exportaciones—Colombia enfrentará:
- Presión fiscal: el déficit fiscal se mantendrá elevado, limitando espacio para inversión social o infraestructura.
- Inflación persistente: el consumo sin productividad genera presión sobre precios.
- Vulnerabilidad externa: sin exportaciones dinámicas, cualquier shock externo (caída de remesas, aumento de tasas de interés global) golpea fuerte.
El crecimiento de 2,2% no es malo en términos absolutos. Pero su composición sugiere que Colombia está comprando tiempo, no construyendo futuro. La pregunta para el gobierno es si tiene un plan para que construcción, agricultura y minería vuelvan a liderar. Si no, los próximos años serán de crecimiento lento pero frágil, con desempleo persistente y presión fiscal creciente.
La región andina ha visto esta película antes. Generalmente no termina bien.