La selección colombiana cerró su ciclo de preparación en casa con una victoria 3-1 contra Costa Rica. El partido fue más que un resultado: fue una despedida simbólica ante la hinchada antes de partir hacia la Copa Mundial 2026. Néstor Lorenzo, el técnico, y los referentes del plantel usaron la noche para construir un relato de confianza colectiva.
James Rodríguez, capitán, fue directo con el mensaje. Pidió que el país vibre “con buena energía” tanto en estadios como en redes sociales, y recordó que el equipo “siempre da todo”. Su énfasis en que “los periodistas también estén en una buena sintonía” es notorio: no es un llamado casual. Rodríguez lleva desde 2011 en la selección y conoce el ciclo. Daniel Muñoz, Luis Díaz y Lorenzo replicaron variaciones del mismo tema: unidad nacional, sacrificio, sueño mundialista, confianza en que “nada nos va a poder parar”.
Esto es cultura política de redes envuelta en fútbol. No es nuevo. Cada selección construye este narrativo antes de un torneo importante. Pero aquí hay un detalle: el equipo está pidiendo explícitamente que la conversación digital sea “positiva”. En 2024, la selección enfrentó críticas coordinadas en redes durante la Copa América. Ganó, pero el ruido fue considerable. Ahora, antes de partir, el capitán está pidiendo un pacto tácito: vibren con nosotros, no contra nosotros.
Luis Díaz, quien portó la cinta en el partido, habló de la emoción de ser capitán y marcar. Es un mensaje de continuidad: el equipo tiene liderazgo distribuido, jóvenes con proyección (mencionaron a Kevin Puerta), y referentes consolidados. La recuperación de Jhon Córdoba está “avanzando de manera positiva”, según Lorenzo, aunque no jugó.
Lo que no está en el discurso es igual de importante: no hay autocrítica sobre el nivel de juego, no hay reconocimiento de rivales peligrosos, no hay humildad táctica. Es pura acumulación de confianza. Eso es legítimo en vísperas de un torneo. Pero también es frágil. Una derrota temprana convierte este relato en soberbia.
Por ahora, el equipo se va unido, respaldado, con el discurso alineado. Es lo que se ve desde afuera.