La selección colombiana derrotó a Costa Rica en su último ensayo casero antes del Mundial 2026. El partido en Bogotá fue más que un trámite: fue la despedida de la afición antes de que el equipo se traslade a su base en Estados Unidos.
Estos partidos amistosos previos a una Copa del Mundo cumplen una función doble. Por un lado, permiten al técnico resolver dudas tácticas de último minuto. Por otro, generan un clima de confianza en el que la hinchada se reencuentra con sus jugadores. Colombia necesitaba ambas cosas: certeza y energía.
Lo relevante aquí no es solo el resultado. Es que el equipo se despide del territorio nacional con una imagen positiva, en momentos donde la incertidumbre sobre el rendimiento en el torneo sigue siendo alta. En las redes sociales, la goleada se convirtió rápidamente en materia de optimismo, aunque sea prematura cualquier conclusión sobre qué sucederá en la fase de grupos.
Este tipo de victorias tienen peso político doméstico. Ofrecen un respiro narrativo en un contexto donde los temas deportivos funcionan como válvula de escape de la agenda política nacional. Por eso, cuando la selección gana de forma clara, la cobertura tiende a ocupar espacio que de otro modo estaría disponible para otras discusiones.