A las cinco de la tarde cerraron las mesas en todo el país y los colombianos terminaron de escribir una jornada electoral atípica. Por primera vez en dos décadas, la segunda vuelta presidencial no incluyó a un candidato de los partidos Liberal, Conservador o de la U. El derechista Abelardo de la Espriella y el izquierdista Iván Cepeda quedaron solos en el tarjetón, según reportó BBC Mundo.
El dato importa porque describe el estado real de las fuerzas políticas. La centroderecha tradicional, que gobernó buena parte del siglo XXI, quedó fuera del balotaje. La izquierda, que durante años fue oposición minoritaria, logró pasar al umbral del 50 por ciento más uno. Y el espacio que ocupaban los partidos tradicionales fue recogido por un candidato outsider, sin maquinaria propia, que construyó su candidatura sobre el rechazo al establishment.
Lo que se vota este domingo no es solo un nombre. Es la definición de tres modelos de país. De la Espriella propone, según su programa registrado ante la Registraduría, una reducción del tamaño del Estado, una reforma tributaria que baje impuestos a empresas y una política de seguridad basada en la cooperación militar con Estados Unidos. Cepeda, por su parte, plantea una agenda de transición energética, ampliación de la protección social y continuidad del proceso de paz total, aunque con ajustes en la negociación con grupos armados.
Las cifras de la primera vuelta, divulgados por la Registraduría Nacional, muestran un electorado fragmentado. La abstención superó el 45 por ciento, una de las más altas en un balotaje presidencial desde 2010. Esa abstención es, en sí misma, un dato político: indica que una porción significativa del electorado no encontró en ninguno de los dos finalistas una opción preferible al voto en blanco o a la simple no participación.
El resultado también tendrá consecuencias institucionales inmediatas. Quien gane deberá nombrar al equipo ministerial antes del 7 de agosto, fecha de posesión. Tendrá que presentar al Congreso, en sus primeros cien días, un proyecto de ley de presupuesto y otro de reforma tributaria o de protección social, según el caso. Y deberá enfrentar una Corte Constitucional que, según los conteos de procesos activos, tiene al menos cuatro demandas pendientes contra decretos ejecutivos expedidos en el último año.
En materia de seguridad, el próximo gobierno hereda una mesa de diálogo con el ELN en pausa desde marzo, según informó la oficina del Alto Comisionado para la Paz. Con las disidencias de las FARC, el panorama es heterogéneo: algunas estructuras acatan los acuerdos de 2016, otras están en negociación y al menos tres están designadas como organizaciones criminales bajo la legislación vigente. La política de seguridad que se aplique dependerá del ganador.
En lo económico, la transición energética es el punto de mayor divergencia. Cepeda ha dicho que respetará los contratos de exploración vigentes, pero que no firmará nuevos. De la Espriella ha planteado una moratoria a las nuevas áreas de exploración hasta tanto se evalúe el impacto fiscal. Ninguno de los dos ha presentado un cronograma detallado con cifras de recaudo esperado o de impacto en la balanza comercial.
Para Medellín y Antioquia, el resultado tiene lectura propia. El departamento ha votado en bloque por candidatos de centro y de derecha en las últimas cinco elecciones. Pero la irrupción de De la Espriella, sin aparato partidista, cambió el cálculo en plazas como el Oriente antioqueño y el Suroeste, donde el discurso anti-establishment caló con fuerza entre comerciantes y productores agrícolas.
La columna vertebral de esta elección es la desconfianza. Desconfianza en los partidos, en el Congreso, en la capacidad del Estado para resolver problemas básicos. Esa desconfianza, documentada en las encuestas del DANE y de Datexco, es anterior a esta campaña y sobrevivirá al ganador. Quien asuma el 7 de agosto gobernará un país que, en su mayoría, no cree en sus instituciones pero que, paradójicamente, sigue votando.
El conteo definitivo de la Registraduría, que suele tardar entre 48 y 72 horas, confirmará o revertirá la tendencia del preconteo. Hasta entonces, el país queda en suspenso.