Abelardo de La Espriella se posesionó como presidente de Colombia en la Arena USC de la Universidad Santiago de Cali, según reportó La Nación de Neiva. La ceremonia, de carácter solemne, contó con la presencia de los mandatarios Javier Milei (Argentina), Daniel Noboa (Ecuador), José Antonio Kast (Chile) y Santiago Peña (Paraguay), además del rey Felipe VI de España y del presidente de la FIFA, Gianni Infantino.
La banda presidencial fue impuesta por el titular del Senado, Honorio Henríquez. El nuevo jefe de Estado eligió el gesto de «firme» como símbolo de su mandato, un guiño que ya había aparecido en su campaña. El economista José Manuel Restrepo juró como vicepresidente de la República.
Entre los asistentes figuró el expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien dialogó con periodistas acreditados y con diplomáticos invitados. La Escuela Militar de Cadetes General José María Córdova, en Bogotá, fue la encargada de rendir los honores militares con una salva de 21 cañonazos. La cantante Maía interpretó el Himno Nacional y el tema «Aleluya» en un tramo de la ceremonia marcado por una iluminación dedicada a la Virgen de Fátima.
El formato de la jornada —fuera de Bogotá, en una arena universitaria, con nutrida presencia de mandatarios de derecha de la región y de la corona española— sugiere una apuesta deliberada por un arranque de gobierno con fuerte perfil internacional. La presencia simultánea de Milei, Kast y Noboa, tres gobiernos identificados con la derechaiberal latinoamericana, no es un dato menor: marca el alineamiento preferente del nuevo Ejecutivo con ese bloque regional.
Para La Bitácora, la pregunta de fondo es de gobernabilidad, no de fotografía. La posesión resolvió la coreografía del poder; falta resolver la agenda. El nuevo gobierno hereda un país con déficit fiscal en discusión, sistema de salud intervenido, reforma pensional en litigio ante la Corte Constitucional y una contratación pública bajo lupa de los organismos de control. La presencia del rey Felipe VI y de Infantino eleva el tono protocolar, pero no desplaza los problemas estructurales que aguardan en el escritorio de la Casa de Nariño.
Habrá que leer con atención los primeros decretos y el primer paquete de designaciones ministeriales. En política, las posesiones se parecen; los primeros cien días, no. La cobertura fotográfica de La Nación documentó el acto; el trabajo periodístico serio empieza ahora, cuando se publique el primer acto administrativo con número, fecha y firma.