Abelardo de la Espriella conversó virtualmente el viernes con Daniel Noboa, presidente de Ecuador, para anunciar la suspensión de aranceles contra productos colombianos a partir del 1 de junio. La reunión avivó una disputa sobre los límites entre diplomacia de campaña e interferencia electoral.
El gobierno cuestionó tanto el fondo como la forma. El ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, señaló que la Comunidad Andina de Naciones ya había ordenado esa suspensión a principios de mes, calificando el anuncio como “humo”. Pero la reacción política fue más cortante. Según Publimetro, la congresista María Fernanda Carrascal del Pacto Histórico acusó a De la Espriella de prestarse a “una extorsión contra el pueblo colombiano” en el contexto de una guerra arancelaria que, en su interpretación, busca tapar fracasos internos ecuatorianos. Por su parte, Isabel Cristina Zuleta consideró en X que la movida es “ruin” y representaría “una intervención directa de Ecuador en la política colombiana” destinada a favorecer candidatos de derecha.
De la Espriella defendió la reunión como diplomacia pragmática. Escribió en redes que “la verdadera diplomacia no necesita grandes salones” sino “liderazgo y voluntad”, destacando beneficios para el suroccidente colombiano. Para quien no siguió el hilo: esto ocurre en plena campaña 2026, cuando el país está polarizado entre el Pacto Histórico en el gobierno y la oposición que busca recuperar la presidencia.
La tensión revela un desacuerdo de fondo sobre qué pueden hacer los candidatos fuera del protocolo oficial. El oficialismo interpreta la reunión como un candidato que negocia con un gobierno extranjero sin coordinación estatal, violando soberanía. De la Espriella la presenta como iniciativa que genera beneficios económicos concretos. Lo que permanece sin claridad es si Noboa buscaba beneficiar a Colombia o si pretendía posicionarse en la campaña interna. Los datos públicos aún no lo aclaran.
La pregunta política que queda abierta es si existe una línea clara entre la diplomacia de un candidato y la interferencia electoral, o si en tiempos de campaña esa línea se vuelve necesariamente borrosa.