El 20 de julio dejó de ser, hace tiempo, una fecha exclusivamente conmemorativa. En Colombia se ha vuelto un escenario donde se mide el peso político de quien preside o aspira a presidir. Este año, la decisión del presidente electo Abelardo De la Espriella de celebrar los 216 años de la Independencia en Medellín, y no en Bogotá, confirma esa tendencia.
Según reportó Publimetro, el alcalde Federico Gutiérrez confirmó la asistencia del presidente electo al desfile militar que partirá a las 7:00 de la mañana desde el Parque Juan Pablo II, recorrerá la carrera 70, pasará por Bulerías, tomará la avenida Bolivariana, bajará por la calle 33 y concluirá en Plaza Mayor. La logística es la habitual de un desfile regional. Lo atípico es el invitado.
De la Espriella aún no se posesiona. Su posesión está prevista para el 7 de agosto, es decir, 18 días después del desfile. Un presidente electo que aún no gobierna y que decide encabezar una parada militar en la segunda ciudad del país envía una señal política precisa: quiere asociar su imagen a las Fuerzas Militares antes de asumir el cargo, y quiere hacerlo en un territorio donde el uribismo y el centro-derecha tienen fuerte arraigo y donde Gutiérrez es uno de los alcaldes más visibles del país.
Hay un segundo elemento. Gutiérrez no se limitó a confirmar la presencia del invitado. En el mismo mensaje, según la publicación, convocó a las familias a llenar las calles y a sumarse al homenaje a soldados y policías. El lenguaje es el del manual: patria, libertad, instituciones, fuerza pública. Es legítimo, pero también es la gramática de la movilización electoral.
La pregunta que cabe hacerse es si una Alcaldía municipal debe poner su maquinaria de comunicación al servicio de un acto que, por su naturaleza, termina siendo un acto de legitimación del próximo gobierno. Medellín es la ciudad donde De la Espriella obtuvo, según los datos disponibles, un apoyo significativo en primera vuelta. No es neutralidad: es continuidad.
También pesa lo que rodea la fecha. Publimetro informó en la misma jornada que, tras el anuncio de De la Espriella, Timochenko estaría evaluando si regresa al país, y que Daniel Quintero Calle habría abierto cinco empresas en un mismo día, incluida una de abogados que, según él, habría resuelto más de 50.000 casos en siete meses. Son dos noticias que muestran el estado de la política colombiana: un exjefe de las FARC deliberando sobre su regreso, y un exalcalde de Medellín envuelto en opacidad societaria. El contraste con un desfile militar en el centro de Medellín es difícil de ignorar.
Una fecha patria debería servir para recordar que la independencia se sostiene sobre instituciones, no sobre personas. Cuando el 20 de julio se convierte en el preludio de una posesión, el riesgo es que la conmemoración se subordine a la campaña. Medellín tiene tradición militar y cívica suficiente para recibir un desfile sin convertirlo en un acto proselitista. Veremos si el 7 de agosto, ya en posesión, De la Espriella mantiene el mismo tono o si el guion cambia cuando gobierne.
Por ahora, el dato es simple: el 20 de julio, Medellín desfile militar, presidente electo invitado, alcalde anfitrión. La política, como siempre, se cuenta mejor con cifras, fechas y nombres propios.