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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Mercados · Análisis · 12 jun 2026

El peso se aprecia entre factores globales y expectativas electorales

La caída del dólar bajo $3.500 combina debilidad externa y apuestas políticas. ¿Es un cambio estructural o una ventana coyuntural para la política económica?

El peso se aprecia entre factores globales y expectativas electorales — Mercados, ilustración editorial

La tasa de cambio en Colombia ha descendido de la barrera psicológica de los $3.500, situándose en niveles que no se observaban desde hace siete años. De acuerdo con el reporte del 12 de junio de 2026 de Portafolio, la divisa estadounidense cerró la sesión previa en $3.493,50 y, si bien superó momentáneamente dicho umbral en la jornada siguiente, la tendencia bajista se sostiene con un volumen transado superior a los US$1.628 millones en la Bolsa de Valores de Colombia. Este movimiento no debe interpretarse como un evento aislado, sino como la convergencia de dos fuerzas simultáneas: un viento de cola internacional y una revalorización del riesgo político local ante la proximidad del balotaje presidencial.

Para una economía que depende de la confianza inversionista para financiar su déficit externo, esta apreciación representa un alivio transitorio en los costos de importación y en la inflación de bienes transables. Sin embargo, desde una perspectiva de política económica comparada, resulta imprudente celebrar la revaluación sin examinar sus fundamentos. La verdadera prueba para la estabilidad macroeconómica no es el precio spot del dólar hoy, sino la capacidad institucional para sostener los equilibrios fiscales en el mediano plazo.

Factores exógenos y correlación regional

Es indispensable desagregar las causas del fenómeno para evitar diagnósticos erróneos que conduzcan a políticas procíclicas. Una parte sustancial de la fortaleza del peso obedece a dinámicas globales. Tal como lo documenta Portafolio, el índice DXY —que mide la divisa estadounidense frente a una canasta de monedas principales— registró una caída de 0,07%, mientras el euro avanzó 0,15% tras la decisión del Banco Central Europeo de incrementar su tasa de referencia en 25 puntos básicos hasta el 2,25%. Esta política restrictiva en Europa generó un efecto derrame sobre las monedas emergentes al reducir el atractivo relativo de los activos en dólares.

Colombia no es una excepción en este ciclo regional. En la misma jornada, según los datos citados por el medio económico, el real brasileño se apreció 1,29% y el peso chileno 1,21%. Esta correlación sugiere que los flujos de capital están respondiendo a señales de política monetaria global más que a fundamentos idiosincráticos colombianos. Si la Reserva Federal ajusta su retórica o si los precios del petróleo se corrigen a la baja, este viento de cola podría revertirse con rapidez. Por tanto, atribuir la totalidad de la revaluación a una mejora en la percepción de riesgo local sería un error analítico que podría llevar a complacencias peligrosas en el manejo de la política cambiaria y fiscal.

El mercado como termómetro de expectativas institucionales

El componente endógeno, no obstante, merece una atención diferenciada. Los operadores financieros están incorporando información sobre el escenario electoral con notable rapidez. La encuesta de Atlas Intel, citada por Portafolio, muestra una intención de voto del 52,2% para Abelardo de la Espriella frente al 44,5% para Iván Cepeda en el contexto de la segunda vuelta presidencial. Más allá de los nombres propios y de la verificación necesaria sobre la representatividad de estas mediciones, lo relevante para los mercados es la señal sobre la continuidad de las reglas de juego macroeconómicas.

¿Qué está descontando realmente el mercado? No se trata necesariamente de una adhesión partidista, sino de una evaluación pragmática sobre la probabilidad de mantener la independencia del Banco de la República y la sostenibilidad de la deuda pública. Históricamente, la estabilidad cambiaria en Colombia ha estado vinculada a la credibilidad de estas instituciones técnicas. Cuando las encuestas sugieren un escenario que los inversores interpretan como favorable a la ortodoxia, la prima de riesgo se contrae y el capital extranjero reduce sus coberturas contra devaluaciones abruptas.

Sin embargo, esta lectura conlleva riesgos inherentes. El mercado puede sobrerreaccionar tanto al optimismo como al pesimismo. Analistas de Grupo Cibest, citados en el reporte, identifican un soporte técnico cercano a los $3.450 y una resistencia en los $3.580. Romper ese piso de manera sostenida requeriría no solo encuestas favorables, sino señales concretas de política futura. La volatilidad sigue siendo alta y una apreciación excesiva puede ser tan dañina para el sector exportador como una devaluación desordenada, especialmente en un entorno andino ya presionado por barreras logísticas y arancelarias.

La ventana de oportunidad y la responsabilidad fiscal

La caída del dólar mejora los términos de intercambio y alivia la inflación importada, pero también exige cautela en la gestión de las expectativas. La consolidación de esta tendencia dependerá de si el próximo gobierno valida con hechos la confianza que el mercado está otorgando preventivamente. La verdadera prueba de fuego no será el día de las elecciones, sino el primer trimestre de la nueva administración, cuando se definan el presupuesto general y la relación con los organismos multilaterales.

Desde una mirada atlantista y pro-mercado, la lección es clara: la tasa de cambio es un precio relativo que refleja expectativas, no certezas absolutas. El actual nivel de apreciación ofrece una ventana de oportunidad para fortalecer reservas internacionales y anclar expectativas inflacionarias. Pero si se interpreta como un cheque en blanco para relajar la disciplina fiscal bajo la premisa de que “el mercado ya lo validó”, el ajuste posterior podría ser severo. La institucionalidad económica colombiana ha demostrado resiliencia, pero su fortaleza depende de que cada administración entienda que la confianza se construye con consistencia técnica, no con coyunturas favorables pasajeras.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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