La cotización del euro en pesos colombianos cayó 0,97% en la apertura del 25 de mayo, llegando a 4.246,71 pesos, según datos de Dow Jones. Pero la noticia de corto plazo oculta una dinámica más profunda: el peso colombiano experimenta una apreciación sostenida que refleja tanto fortalezas estructurales como fragilidades macroeconómicas que el mercado todavía no ha castigado completamente.
Por qué se aprecia el peso
El Grupo Cibest de Bancolombia proyecta que el dólar se cotizará en promedio a 3.878 pesos durante 2026, lo que implicaría una continuidad de la tendencia observada en 2025, cuando la moneda nacional se revalorizó 14% frente a la divisa estadounidense. Tres factores explican esta dinámica.
Primero, la debilidad global del dólar. El índice DXY (Dólar Index), que mide la fortaleza de la moneda estadounidense frente a una canasta de seis divisas, cayó 9% en 2025. Esto no es un fenómeno exclusivo de Colombia: la mayoría de monedas emergentes se han apreciado contra el dólar en el contexto de una Reserva Federal que redujo su tasa de política al rango de 3,50%-3,75%.
Segundo, el flujo de remesas. Colombia recibe aproximadamente 9.000 millones de dólares anuales en remesas, según cifras del Banco Mundial. Ese ingreso de divisas sostenido presiona hacia la baja el tipo de cambio, especialmente cuando los mercados perciben estabilidad política y crediticia.
Tercero, el diferencial de tasas de interés. Mientras la Fed redujo su tasa, el Banco de la República mantiene la suya en 9,25%. Ese diferencial de casi 600 puntos básicos atrae capital especulativo mediante estrategias de carry trade (endeudarse en dólares baratos para invertir en pesos caros), que temporalmente sostiene la apreciación.
El lado oscuro de la fortaleza
Sin embargo, la apreciación del peso no es noticia universalmente positiva. Un peso fuerte encarece las exportaciones colombianas en mercados internacionales, presionando márgenes de rentabilidad en sectores como café, flores y manufactura. Mientras el peso se aprecia, la competitividad se erosiona.
Más crítico aún: la apreciación puede ser frágil. Bancolombia advierte explícitamente sobre dos riesgos para 2026. El primero es la incertidumbre fiscal. Colombia perdió su calificación de grado de inversión en 2023 y enfrenta presiones sobre su deuda pública, que según el Ministerio de Hacienda alcanzará 62% del PIB en 2026. Cualquier deterioro adicional de la calificación crediticia podría provocar salidas de capital y una depreciación abrupta.
El segundo es la volatilidad electoral. Colombia vivirá elecciones regionales y locales en 2026, en un contexto de polarización política. Si los mercados perciben un riesgo político material (cambios en política económica, deterioro institucional), el carry trade se deshace rápidamente: los inversores extranjeros venden pesos y se van.
Qué significa para los colombianos
La apreciación del peso tiene ganadores y perdedores claros. Los importadores y los consumidores se benefician: un peso fuerte abarata los bienes importados, presionando la inflación a la baja. El Banco de la República ha reducido su tasa de política desde 13,25% en julio de 2023 hasta 9,25% en mayo de 2026, en parte porque la apreciación ha ayudado a controlar la inflación importada.
Pero los exportadores sufren. Un café colombiano que costaba 200 pesos por grano cuando el dólar estaba en 4.200 pesos ahora cuesta 170 pesos cuando el dólar está en 3.878. Eso erosiona ingresos en dólares para los cafeteros y otros productores de bienes transables.
La volatilidad del mercado cambiario también afecta a empresas con deuda en dólares. Si el peso se deprecia bruscamente (por ejemplo, si hay un shock electoral), esas empresas verán crecer sus pasivos en términos de pesos, presionando sus balances.
El contexto regional
Colombia no está sola en esta dinámica. Brasil también experimenta presiones sobre su moneda por razones similares: debilidad del dólar global, flujos de remesas y diferenciales de tasas. Sin embargo, Brasil tiene una ventaja: sus exportaciones de commodities (hierro, soja) se cotizan en dólares, lo que compensa parcialmente la apreciación del real. Colombia, más dependiente de café y flores, tiene menos amortiguadores.
La región andina en general enfrenta un dilema: las monedas fuertes ayudan a controlar la inflación a corto plazo, pero debilitan la competitividad a mediano plazo. Perú y Ecuador enfrentan dinámicas similares, aunque con matices distintos según su estructura productiva.
Lectura de riesgo
La proyección de Bancolombia de un dólar a 3.878 pesos en 2026 asume que los riesgos fiscales y electorales no materializan. Es un escenario base razonable, pero no es el único. Si la incertidumbre fiscal se agudiza o si hay un shock electoral, el dólar podría cotizarse fácilmente en 4.200-4.500 pesos. La volatilidad actual del mercado cambiario (12,09%) está por debajo de su referencia (16,54%), lo que sugiere que los mercados aún no han incorporado completamente esos riesgos.
Para el Gobierno, la lección es clara: la fortaleza del peso es un lujo temporal. La verdadera estabilidad cambiaria depende de consolidar la sostenibilidad fiscal y de mantener la confianza institucional. Sin eso, la apreciación se convertirá en depreciación abrupta, y los colombianos descubrirán que el peso fuerte de hoy era un espejismo.