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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Mercados · Análisis · 10 jun 2026

El peso se aprecia mientras la inflación repunta

La revaluación del peso colombiano oculta riesgos fiscales y monetarios que podrían revertir la tendencia bajista del dólar en el segundo semestre.

El peso se aprecia mientras la inflación repunta — Mercados, ilustración editorial

La tasa de cambio en Colombia ha registrado una apreciación notable en lo corrido de 2026, con el dólar estadounidense cotizando cerca de los $3.575 y acumulando una caída anual superior al 5%. Sin embargo, esta fortaleza aparente del peso coincide con un dato que debería encender las alarmas en el Banco de la República y en el Ministerio de Hacienda: la inflación anual repuntó al 5,84%, su nivel más alto desde agosto de 2024. Esta divergencia entre un tipo de cambio favorable y una aceleración de precios internos sugiere que los mercados están descontando flujos de capital de corto plazo, pero no necesariamente una mejora estructural en los fundamentos macroeconómicos del país.

Para un observador regional, la dinámica colombiana contrasta con la de otros socios andinos. Mientras Perú y Chile mantienen anclajes inflacionarios más estables gracias a reglas fiscales creíbles y bancos centrales técnicamente autónomos, Colombia navega una coyuntura donde la revaluación podría estar actuando como un anestésico temporal frente a desequilibrios subyacentes. La apreciación del peso, si bien alivia la factura de importaciones y el servicio de la deuda externa en el margen, también erosiona la competitividad de sectores transables como la industria y la agroexportación, justo cuando la economía necesita motores de crecimiento distintos al consumo interno.

La trampa de la inflación persistente

El repunte inflacionario no es un evento aislado. Tres meses consecutivos de incrementos en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) indican que la desinflación se ha estancado, probablemente por la indexación de contratos, choques de oferta en alimentos y una política fiscal que mantiene la demanda agregada presionada. Según datos recientes, la inflación se ubica en niveles que dificultan cumplir la meta del banco central sin sacrificar crecimiento.

Aquí reside el riesgo principal para la estabilidad cambiaria en el segundo semestre. Si la Reserva Federal de Estados Unidos mantiene su postura cautelosa y no recorta tasas durante el resto del año, como anticipan los analistas internacionales, el diferencial de tasas entre Colombia y EE. UU. se comprimirá. En ese escenario, el atractivo del peso colombiano dependerá exclusivamente de la percepción de riesgo soberano. Cualquier deterioro en las expectativas fiscales o en la credibilidad institucional podría desencadenar una corrección abrupta, especialmente si los inversionistas extranjeros concluyen que la inflación colombiana es estructural y no transitoria.

Factores externos y la fragilidad del rango

El índice dólar (DXY) se ha debilitado globalmente, ubicándose cerca de los 99 puntos, lo que explica parte de la revaluación en economías emergentes. No obstante, confiar en la debilidad del billete verde como estrategia es peligroso. La volatilidad en los mercados de materias primas y la incertidumbre geopolítica siguen siendo variables exógenas que Colombia no controla.

Además, el proceso electoral y las emisiones de deuda pública mencionadas en los reportes de mercado añaden una prima de riesgo que los modelos técnicos no siempre capturan a tiempo. Los analistas proyectan un rango de negociación entre $3.500 y $3.660 para el segundo trimestre, pero estos modelos asumen racionalidad y continuidad en las políticas. La experiencia regional nos enseña que cuando la inflación se desancla y la política monetaria pierde margen de maniobra, los soportes técnicos se rompen con rapidez.

Implicaciones para la región andina

Para los socios comerciales de Colombia, esta dinámica tiene efectos mixtos. Un peso fuerte facilita las importaciones desde EE. UU. y Europa, pero complica la integración productiva regional si los costos laborales en dólares aumentan sin ganancias de productividad. En un contexto donde el libre comercio y la integración hemisférica deberían ser prioridades estratégicas, la inestabilidad macroeconómica interna actúa como una barrera no arancelaria.

La lección para Bogotá es clara: la revaluación no sustituye la disciplina fiscal ni la independencia del banco central. Celebrar la caída del dólar mientras la inflación repunta es un error de diagnóstico que puede costar caro cuando cambie el ciclo financiero global. La fortaleza del peso debe ser reflejo de fundamentos sólidos, no de flujos especulativos en un entorno de alta incertidumbre institucional. Solo con reglas claras y respeto por la separación de poderes se podrá sostener una senda de estabilidad que beneficie tanto a los mercados como a la ciudadanía.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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