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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Mercados · Análisis · 16 jun 2026

El peso se fortalece en medio de la incertidumbre electoral

La apreciación del peso antes de las elecciones refleja flujos de cartera y prudencia fiscal, no necesariamente confianza estructural en la política económica.

El peso se fortalece en medio de la incertidumbre electoral — Mercados, ilustración editorial

La Tasa Representativa del Mercado (TRM) inició la jornada del martes 16 de junio en $3.475,72, consolidando una tendencia bajista que ha llevado al dólar a negociar por debajo de $3.432 en las primeras operaciones. Esta apreciación del peso colombiano, que representa una caída superior al 1 % frente a la tasa previa, ocurre en un momento crítico del calendario político nacional. Lejos de ser una señal inequívoca de optimismo macroeconómico, este comportamiento cambiario en vísperas electorales debe leerse con la cautela que exige la historia reciente de la región andina.

Para los agentes de mercado, la dinámica actual responde más a factores técnicos y de liquidez global que a un voto de confianza en la continuidad de la política económica. La reducción de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos y el ingreso de flujos de cartera hacia activos de renta fija local han generado una ventana de oportunidad para la revaluación. Sin embargo, confundir este alivio coyuntural con un cambio estructural sería un error de diagnóstico costoso para la planificación empresarial y la inversión extranjera directa.

La paradoja del ciclo electoral

Históricamente, los periodos pre-electorales en Colombia y en la región andina han estado asociados a primas de riesgo elevadas y depreciaciones preventivas. Lo que observamos hoy es una anomalía relativa que merece escrutinio. Según datos de la Bolsa de Valores de Colombia, la sesión del viernes 12 de junio ya había cerrado con una cotización spot de $3.455, manteniendo la presión bajista. Esta estabilidad sugiere que los inversionistas institucionales han decidido mantener posiciones en pesos, pero bajo condiciones de cobertura estrictas.

Desde una perspectiva atlantista y pro-mercado, la fortaleza del peso es bienvenida porque alivia la inflación importada y reduce el costo de la deuda externa en moneda local. No obstante, la volatilidad implícita en las opciones cambiarias sigue siendo alta. El mercado está apostando a la estabilidad institucional del Estado de derecho, independientemente de quién ocupe la Casa de Nariño. Cualquier señal de ruptura de las reglas fiscales o de alineación geopolítica con regímenes autoritarios tras las elecciones podría revertir esta tendencia en cuestión de días, como hemos visto en casos comparables en Perú o Ecuador cuando la gobernabilidad se fractura.

Fundamentos versus ruido político

Es imperativo distinguir entre el precio del dólar y la salud de los fundamentos económicos. La apreciación actual no corrige los desequilibrios en cuenta corriente ni garantiza un superávit fiscal sostenible. Según proyecciones recientes del Fondo Monetario Internacional y del Banco de la República, la convergencia inflacionaria y el cierre del déficit requieren ajustes que trascienden el ciclo electoral. Si el próximo gobierno interpreta la revaluación como un cheque en blanco para expandir el gasto público o relajar la disciplina monetaria, estaremos ante una trampa clásica de los ciclos políticos latinoamericanos.

Además, la relación comercial con Washington y Bruselas depende de la competitividad real, no solo del tipo de cambio nominal. Un peso artificialmente fuerte por flujos especulativos puede golpear a los exportadores no tradicionales y a la industria manufacturera, sectores que necesitan previsibilidad para integrar cadenas de valor globales. La tarea de la próxima administración será anclar esta estabilidad cambiaria en reformas estructurales y no en la euforia pasajera de los mercados financieros.

En conclusión, la baja del dólar a niveles cercanos a $3.430 es un respiro técnico valioso, pero no una victoria política. Para Colombia, el verdadero examen comenzará cuando se asiente el polvo electoral y se definan las reglas de juego para el siguiente cuatrienio. La prudencia dicta aprovechar esta ventana para fortalecer reservas y ajustar cuentas, en lugar de celebrar una calma que, en nuestra vecindad geopolítica, suele ser tan frágil como transitoria. Los agentes económicos deben mantener sus coberturas y los hacedores de política, su disciplina, pues la historia regional enseña que la soberanía monetaria se defiende con fundamentos sólidos, no con declaraciones de optimismo.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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