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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Mercados · Análisis · 16 jun 2026

La brecha estadística que oculta el costo laboral real

La divergencia entre la encuesta de hogares y los aportes a seguridad social sugiere que el empleo formal no crece al ritmo oficial y distorsiona la política pública.

La brecha estadística que oculta el costo laboral real — Mercados, ilustración editorial

El mercado laboral colombiano atraviesa una crisis de medición que trasciende lo técnico y golpea directamente la formulación de política económica. Mientras el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) reporta la creación de 814.000 empleos formales en el último año, los registros de la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes (PILA) muestran una contracción de más de 170.000 cotizantes. Esta discrepancia, cercana al millón de puestos de trabajo, no es un simple debate metodológico entre académicos y burócratas; es una señal de alerta sobre la salud real de la formalización en medio de un estancamiento económico.

Para un país que busca atraer inversión y fortalecer su institucionalidad, la credibilidad de las cifras macroeconómicas es tan vital como la seguridad jurídica. Si los indicadores de empleo formal están sobrestimados respecto a la realidad de la seguridad social, las decisiones sobre salarios, jornadas laborales y cargas parafiscales se están tomando sobre un espejismo estadístico.

Divergencia entre percepción y registro

La controversia, reactivada por un estudio de la Universidad de Antioquia y recogida por la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), expone las limitaciones de confiar exclusivamente en la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) para medir la formalidad. La encuesta captura la percepción de ocupación y la declaración verbal de los trabajadores, mientras que la PILA registra el flujo financiero real hacia el sistema de protección social. En economías con alta rotación laboral y presiones regulatorias, estas dos variables pueden desacoplarse.

Los datos duros del sector empresarial refuerzan la tesis de la desaceleración. Según el sondeo más reciente de Fenalco, el 64% de las empresas ha reducido su planta de personal y el 93% reporta aumentos significativos en costos laborales. Más preocupante aún es que una cuarta parte de las firmas ha acelerado procesos de automatización como respuesta directa al incremento de los costos de contratación. Esto sugiere que el mercado está ajustando su demanda de trabajo formal no solo mediante despidos, sino mediante la sustitución de capital por trabajo, un fenómeno que las encuestas de hogares tardan en reflejar con precisión.

Desde una perspectiva de mercados, resulta contraintuitivo que una economía que creció apenas 2,2% en el primer trimestre de 2026 genere un boom de empleo formal. La elasticidad empleo-producto en Colombia ha sido históricamente baja; un crecimiento tan modesto difícilmente sostiene la creación neta de 800.000 puestos formales sin un cambio estructural en la productividad que, hasta ahora, no se evidencia en los balances corporativos ni en la inversión fija.

El riesgo de legislar sobre datos distorsionados

La implicación más grave de esta brecha radica en la reforma laboral. Si el diagnóstico oficial asume que la formalización es robusta y resiliente, se corre el riesgo de implementar rigideces adicionales bajo la premisa errónea de que el mercado las absorberá. La realidad que muestran los registros de seguridad social y la percepción empresarial apunta a lo contrario: el costo marginal de formalizar se ha vuelto prohibitivo para muchos empleadores, quienes optan por reducir plantas, suspender contratos de aprendizaje o migrar hacia esquemas de contratación no salariales que no pasan por la PILA.

En el contexto regional, la calidad de la información estadística es un determinante de la prima de riesgo. Inversores y agencias calificadoras monitorean la consistencia entre variables. Cuando el desempleo toca mínimos históricos mientras el Producto Interno Bruto (PIB) se estanca, se encienden las alarmas sobre posibles inconsistencias en los datos. La autonomía técnica del DANE, defendida por la entidad pero cuestionada por gremios y académicos, debe ir más allá de la independencia administrativa; requiere una reconciliación transparente de fuentes que permita distinguir entre empleo formal declarado y empleo formal cotizado.

Hacia una métrica de formalidad integral

La solución no es descartar la GEIH, que sigue siendo el estándar internacional para medir condiciones de vida, sino complementar sus hallazgos con indicadores de alta frecuencia basados en registros administrativos. Para la toma de decisiones empresariales y de inversión, el número de cotizantes activos a la seguridad social es un proxy más fiel de la capacidad de pago de la economía y de la sostenibilidad fiscal del sistema de salud y pensiones.

Mientras persista esta brecha de casi un millón de personas entre la estadística oficial y la realidad contributiva, la política pública navegará a ciegas. En un entorno global donde la competitividad depende de la eficiencia del mercado laboral, Colombia no puede permitirse el lujo de debatir reformas estructurales basándose en dos realidades paralelas. La transparencia en la reconciliación de estas cifras no es un capricho técnico, sino un requisito para preservar la confianza en las instituciones económicas del país.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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