El 21 de junio de 2026 Colombia define, en segunda vuelta, si extiende cuatro años más el ciclo que abrió Gustavo Petro o si abre un capítulo distinto. La elección quedó reducida a dos opciones: Iván Cepeda, del Pacto Histórico, y Abelardo de la Espriella, un abogado de 47 años, egresado de la Universidad Sergio Arboleda, que en menos de un año pasó de litigar casos mediáticos a convertirse en el candidato más votado en la primera vuelta del 31 de mayo, según reportó Infobae.
El perfil del contendiente importa porque define qué tipo de derecha se ofrece como alternativa. De la Espriella no viene de los partidos tradicionales. Fundó el movimiento Defensores de la Patria y construyó su candidatura sobre tres ejes: mano dura en seguridad, reducción del tamaño del Estado y ruptura con la diplomacia del actual gobierno, en particular con Venezuela.
En seguridad, su propuesta incluye reactivar la aspersión aérea contra cultivos ilícitos, profundizar la cooperación militar con Estados Unidos e Israel, restringir el ingreso de precursores químicos para la producción de drogas sintéticas y crear un bloque especializado contra la extorsión. Propuso además pena de muerte para asesinos de niños y se manifestó contra el aborto, aunque dijo respetar la jurisprudencia constitucional sobre derechos. Elogia el modelo carcelario de Nayib Bukele y se declara simpatizante de Donald Trump, según la misma fuente.
En materia económica, plantea reducción de la carga impositiva, eliminación del 4x1000, nuevos contratos de explotación petrolera y un ajuste del gasto público como vía para “sanear” las finanzas, de acuerdo con Infobae.
La fórmula vicepresidencial es José Manuel Restrepo, exministro de Comercio, Industria y Turismo (2018-2021) y exministro de Hacienda durante el gobierno de Iván Duque. Su trayectoria incluye rectorías en el CESA, la Universidad del Rosario y la Universidad EIA. Restrepo ha sido crítico de decisiones del actual gobierno sobre Ecopetrol y el manejo fiscal, según consignó Infobae.
Dos elementos del perfil abren interrogantes. El primero es la trayectoria profesional del candidato. De la Espriella representó a Álex Saab, señalado como testaferro de Nicolás Maduro, y a David Murcia Guzmán, condenado por el esquema de captación masiva de dinero conocido como DMG. También litigó en causas de violencia de género que, según Infobae, impulsaron legislación relevante. Esa combinación alimenta la pregunta sobre qué tipo de derecha se está construyendo: una de renovación o una que recicla figuras y métodos del pasado.
El segundo es la distancia entre el discurso y la estructura. De la Espriella se presenta como outsider, pero su campaña incorpora a un exministro duquista y a un equipo con experiencia de gestión pública. La etiqueta de antipartido no borra los vínculos con el uribismo, al que el propio candidato busca suceder en el liderazgo del electorado de derecha, según reportó Infobae.
La elección del 21 de junio no es solo un duelo entre dos candidatos. Es una decisión sobre qué modelo de oposición se consolida: una derecha institucional, moderada y con experiencia de gobierno, o una derecha que apuesta por la polarización, el espectáculo y la mano dura como eje de identidad. La primera vuelta mostró que la segunda opción tiene un electorado significativo. La segunda vuelta mostrará si ese electorado es suficiente para definir el próximo cuatrienio.
Para los lectores que siguen la contratación pública, la promesa de “achicar el Estado” y eliminar el 4x1000 tiene consecuencias directas sobre el financiamiento territorial y la operación de entidades descentralizadas. Vale la pena leerla con lupa, no con entusiasmo.