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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Mercados · Análisis · 18 jun 2026

La Fed endurece el tono y el peso colombiano retrocede

El giro restrictivo de la Reserva Federal fortalece al dólar y presiona a las monedas andinas, exponiendo la vulnerabilidad externa de Colombia.

La Fed endurece el tono y el peso colombiano retrocede — Mercados, ilustración editorial

La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) envió esta semana una señal inequívoca a los mercados emergentes: la lucha contra la inflación sigue siendo la prioridad absoluta, incluso si eso implica mantener tasas de interés elevadas por más tiempo del anticipado. Bajo la nueva presidencia de Kevin Warsh, el banco central estadounidense mantuvo su tasa de referencia en el rango de 3,50 % al 3,75 %, pero acompañó la decisión con proyecciones más restrictivas que dispararon el índice dólar (DXY) hasta los 100,59 puntos, su nivel más alto desde mayo de 2025. Para Colombia, este movimiento no es un ruido pasajero, sino un recordatorio de nuestra dependencia estructural del ciclo monetario estadounidense y la urgencia de blindar la credibilidad fiscal interna.

El costo del diferencial de tasas

El impacto en América Latina fue inmediato. Según reportes de mercado, el real brasileño lideró las pérdidas con una depreciación superior al 1 %, seguido por el peso colombiano con un retroceso del 0,55 % y el peso argentino con una caída cercana al 0,5 %. La lógica financiera es clara: al revisar al alza la trayectoria esperada de las tasas para 2026, 2027 y 2028, la Fed incrementa el atractivo de los activos denominados en dólares, succionando liquidez de economías que, como la colombiana, dependen de flujos de capital volátiles para financiar sus déficits gemelos.

Analistas de BBVA FX Strategy señalaron que casi la mitad de los miembros del comité de política monetaria de la Fed esperan al menos un aumento adicional de tasas antes de finalizar 2026. Este escenario de “tasas altas por más tiempo” comprime el espacio de maniobra del Banco de la República. Si bien nuestra autoridad monetaria ha avanzado en su ciclo de relajación, un dólar globalmente fuerte importado desde Washington encarece los bienes transables y reaviva las expectativas inflacionarias locales, forzando a la junta directiva a ser más cautelosa de lo que quisiera en un año electoral. No estamos ante un choque de oferta petrolera, sino ante un reajuste de primas de riesgo global donde la solidez institucional es el único paraguas real.

Factores internos vs. vientos externos

Es tentador culpar exclusivamente a la Fed, pero la realidad andina es más matizada. Mientras Perú resiste mejor el embate gracias a los elevados precios del cobre y una oferta estacional de divisas por pago de impuestos corporativos, Colombia carece de ese colchón exportador en este momento. Nuestra balanza comercial sigue siendo deficitaria y la Inversión Extranjera Directa (IED) muestra signos de fatiga ante la incertidumbre regulatoria doméstica.

La comparación regional es aleccionadora. En Perú, pese a la tensión política por el recuento electoral, los fundamentales mineros y la autonomía del banco central actúan como ancla. En Brasil, la volatilidad es mayor por dudas fiscales, pero el tamaño de su mercado y sus reservas internacionales amortiguan el golpe. Colombia, en cambio, enfrenta la tormenta con reservas adecuadas pero con una narrativa fiscal que genera escepticismo en los tenedores de bonos. Cuando el dólar sube por factores externos, los países con fundamentos débiles sufren una depreciación desproporcionada porque el mercado les cobra una prima adicional por riesgo político.

Implicaciones para la agenda bilateral

Este episodio refuerza la importancia estratégica de la relación económica con Washington. Un dólar fuerte afecta directamente el servicio de la deuda externa colombiana y el costo de las importaciones de capital necesarias para la reindustrialización. Sin embargo, también abre ventanas de oportunidad para profundizar la integración financiera y comercial con Estados Unidos, nuestro principal socio. La estabilidad cambiaria en el mediano plazo no vendrá de intervenciones discrecionales ni de controles de capitales, sino de enviar señales claras de respeto a las reglas de juego y de compromiso con la responsabilidad fiscal.

Los analistas de ING advierten que, aunque el mercado ya descuenta gran parte del ajuste monetario estadounidense, el dólar podría mantenerse respaldado durante el verano boreal. Esto significa que la presión sobre el peso colombiano no se disipará en los próximos días. La respuesta adecuada no es la negación ni la retórica soberanista, sino la prudencia macroeconómica y la aceleración de reformas que mejoren nuestra competitividad no petrolera. En un mundo donde la Fed dicta el ritmo, la mejor defensa de Colombia es una política económica predecible, ortodoxa y alineada con los estándares institucionales que valoran nuestros socios atlantistas.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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