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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Internacional · Análisis · 8 jun 2026

La ofensiva contra Irán expone los riesgos de la diplomacia andina

La confrontación directa entre Washington, Tel Aviv y Teherán obliga a la región andina a recalcular sus proyecciones inflacionarias y a replantear sus alianzas ideológicas en foros multilaterales.

La ofensiva contra Irán expone los riesgos de la diplomacia andina — Internacional, ilustración editorial

La reciente escalada militar en Medio Oriente, materializada en operaciones conjuntas de Estados Unidos e Israel contra el régimen islámico de Irán y la ofensiva sostenida en Líbano contra Hezbolá, trasciende las mesas de redacción internacionales. Para una economía abierta como la colombiana, inserta en las cadenas de suministro occidentales y dependiente de las exportaciones energéticas, una confrontación directa que involucra a Teherán reconfigura el tablero macroeconómico y de seguridad en el eje Bogotá-Washington-Brasilia. No se trata de un conflicto lejano; es un evento sistémico con ramificaciones inmediatas en nuestra canasta familiar y en nuestra agenda bilateral.

El choque petrolero y el dilema fiscal

Cuando el Golfo Pérsico y el Levante entran en ebullición, los mercados globales ajustan sus primas de riesgo. Una disrupción sostenida en el estrecho de Ormuz o los ataques a infraestructura energética empujan el precio del crudo Brent al alza. Para las finanzas públicas colombianas, un barril más caro se traduce en mayores dividendos de Ecopetrol y un alivio temporal para el marco fiscal de mediano plazo. Sin embargo, la contracara es la inflación importada. El Banco de la República enfrenta un escenario complejo: los mayores costos energéticos se filtran rápidamente hacia el transporte y la producción de alimentos.

A esto se suma la vulnerabilidad fiscal asociada a los subsidios a los combustibles. Si el gobierno nacional insiste en aislar artificialmente los precios internos de la realidad internacional, el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) volverá a amenazar la regla fiscal. Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierten consistentemente que los choques de oferta energética en mercados emergentes obligan a los bancos centrales a mantener posturas monetarias restrictivas por más tiempo, encareciendo el crédito y frenando la inversión productiva.

La factura de la geopolítica ideológica

Más allá de las variables macroeconómicas, esta coyuntura pone a prueba la coherencia de la política exterior colombiana. La actual administración ha privilegiado en foros multilaterales la afinidad ideológica, adoptando posturas que a menudo convergen con la retórica de los regímenes autoritarios o con el llamado Sur Global. Pero cuando Washington y sus aliados europeos desmantelan activamente las redes proxy de Teherán —un régimen que organizaciones como Freedom House señalan por sus sistemáticas violaciones a los derechos civiles—, la ambigüedad diplomática tiene un precio altísimo.

Alienar a Estados Unidos y a la Unión Europea en momentos de tensión global compromete los pilares de nuestra inserción económica: las preferencias comerciales, la cooperación en seguridad y las incipientes iniciativas de nearshoring. La Sociedad de las Américas (Americas Society) ha documentado cómo la confianza institucional es el principal activo para atraer inversión extranjera directa hacia la región andina.

Narco-geopolítica y seguridad hemisférica

Existe, además, un ángulo de seguridad que la diplomacia de escritorio suele ignorar. La presencia histórica de redes de financiamiento ilícito vinculadas a Hezbolá en Sudamérica, particularmente en la Triple Frontera, no es un mito de la guerra fría. Estas estructuras a menudo se entrelazan con las rutas del narcotráfico y el lavado de activos que alimentan a los Grupos Armados Organizados (GAO) que operan en nuestras fronteras. Ser escépticos frente a las intervenciones externas cuando las promueven regímenes que no respetan los derechos humanos en su propio territorio es una postura válida. Pero ser indiferentes ante la expansión de redes criminales transnacionales, escudándose en una supuesta soberanía o en el antiimperialismo de pacotilla, es una negligencia que cuesta vidas en el hemisferio.

El pragmatismo debe imponerse sobre el dogma. La vocación atlantista e institucionalista de Colombia no es un capricho histórico; es el ancla que nos ha permitido acceder a los estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y mantener una fuerza pública profesional. En un mundo donde el orden basado en reglas es desafiado por potencias revisionistas, Bogotá no puede navegar con la brújula del populismo. Defender el Estado de derecho y el libre comercio exige alinearse con quienes los garantizan, incluso cuando las placas tectónicas de la geopolítica se rompen en Medio Oriente.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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