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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Mercados · Análisis · 15 jun 2026

La volatilidad del euro alerta sobre riesgos del carry trade

El repunte del euro y la alta volatilidad reflejan tensiones entre el arbitraje de tasas y la incertidumbre fiscal que enfrenta Colombia en 2026.

La volatilidad del euro alerta sobre riesgos del carry trade — Mercados, ilustración editorial

El cierre de la jornada del 15 de junio dejó una señal que los mercados no pueden ignorar. De acuerdo con datos de Dow Jones citados por Infobae, el euro se cotizó en 4.047 pesos colombianos, lo que representó un incremento diario del 0,97% frente al cierre previo. Aunque la divisa europea acumula una depreciación anual del 12,78% frente al peso, según la misma fuente, la volatilidad actual de 23,55% supera con creces el referente histórico de 17,31%. Este dato no es un mero ruido estadístico; funciona como un termómetro de la inestabilidad subyacente en un mercado cambiario que, si bien se ha visto favorecido por flujos de capital de corto plazo, permanece sensible a los fundamentos fiscales locales.

Para Colombia, cuya balanza comercial y deuda externa siguen atadas a dinámicas globales, entender este movimiento requiere ir más allá de la cotización diaria. La apreciación reciente del peso no responde únicamente a fortalezas endógenas, sino a una confluencia de debilidad del dólar estadounidense y diferenciales de tasas que podrían revertirse si la confianza institucional se erosiona.

La trampa del diferencial de tasas

Las proyecciones del Grupo Cibest de Bancolombia, citadas por Valora Analitik, estiman que el dólar promediará 3.878 pesos en 2026. Este cálculo se sustenta en la debilidad global del billete verde y en un diferencial de tasas atractivo. Mientras la Reserva Federal de Estados Unidos redujo su tasa al rango de 3,50%-3,75%, según el informe de mercado cambiario de Bancolombia, el Banco de la República mantiene la suya en 9,25%. Este abanico de más de 500 puntos básicos alimenta el carry trade, una estrategia donde inversionistas extranjeros toman posiciones en pesos para aprovechar el rendimiento, fortaleciendo la moneda local en el corto plazo.

Sin embargo, esta fortaleza es condicional. El carry trade es capital golondrina: entra rápido por rendimiento y sale velozmente ante el riesgo. La estabilidad de este flujo depende de que el Emisor mantenga su credibilidad técnica y de que el Gobierno evite presiones inflacionarias adicionales. Si la política monetaria se percibe como subordinada a objetivos fiscales o sociales, el diferencial de tasas dejaría de ser un activo para convertirse en una señal de alarma. ¿Está el mercado descontando una prima de riesgo institucional que aún no se refleja plenamente en la tasa de cambio?

Fiscalidad y riesgo soberano como anclas

La verdadera amenaza para la estabilidad cambiaria en 2026 no proviene de Fráncfort ni de Washington, sino de la incertidumbre doméstica. La reciente revisión a la baja de la calificación soberana de Colombia por parte de agencias internacionales no fue un evento aislado; es un recordatorio de que los fundamentos fiscales siguen frágiles. En un entorno electoral, la tentación de utilizar el gasto público como herramienta proselitista aumenta la prima de riesgo, lo que eventualmente se traduciría en presión alcista sobre la tasa de cambio, independientemente de lo que haga la Reserva Federal.

La volatilidad observada en el par EUR/COP es, en este sentido, un síntoma de esa dualidad. Por un lado, tenemos flujos de remesas y capital financiero que aprecian la moneda; por el otro, un déficit fiscal y una trayectoria de deuda que generan desconfianza estructural. Cuando estos dos vectores entran en tensión, el resultado es exactamente lo que vemos hoy: movimientos bruscos y volatilidad por encima de los promedios históricos.

Implicaciones para el sector real andino

Para el empresariado colombiano, especialmente en la región andina donde la integración con mercados europeos y norteamericanos es vital, esta volatilidad impone costos de cobertura que erosionan márgenes. Un exportador de flores o de confecciones que planificó sus operaciones con un euro a 4.000 pesos enfrenta hoy un escenario donde la divisa puede oscilar significativamente en cuestión de días, complicando la competitividad.

Además, la apreciación nominal del peso, si bien reduce el costo de importaciones de bienes de capital, puede generar una enfermedad holandesa temporal si no está respaldada por ganancias de productividad. Según el informe de mercado cambiario de Bancolombia, la fortaleza del peso en 2025, cuando se apreció 14% frente al dólar, fue impulsada por factores externos transitorios; sostenerla en 2026 requerirá que Colombia ofrezca seguridad jurídica y reglas claras, no solo tasas altas.

En conclusión, la cotización del euro y la volatilidad asociada son señales de advertencia. El mercado está pagando bien el riesgo colombiano hoy, pero el precio de esa cobertura puede cambiar abruptamente si la institucionalidad económica se debilita. La tarea del Gobierno y del Emisor es asegurar que la fortaleza actual del peso sea reflejo de solidez estructural y no solo de un arbitraje financiero pasajero. En un mundo donde la confianza se cotiza a diario, Colombia no puede darse el lujo de confundir liquidez con solvencia.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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