La votación en el exterior comenzó el lunes 25 de mayo con más de 1,4 millones de colombianos habilitados para ejercer el voto en 67 países. Sin embargo, desde el primer día ya circula información falsa sobre resultados electorales en mesas de votación fuera del territorio nacional.
El registrador Hernán Penagos fue categórico al respecto: esa información “es imposible” que sea divulgada en este momento porque los resultados parciales no pueden conocerse hasta que cierren las urnas el domingo 31 de mayo en Colombia. La advertencia es clara y dirigida a un público específico: jurados de votación y testigos electorales que incurran en esa práctica enfrentan investigaciones disciplinarias y penales.
El hecho de que ya exista desinformación sobre resultados en el primer día de votación exterior revela un patrón preocupante. No es un problema técnico ni administrativo. Es un problema de integridad electoral. Quienes fabrican y distribuyen esos datos falsos buscan, presumiblemente, sembrar duda sobre la confiabilidad del proceso o validar narrativas de fraude antes de que el escrutinio siquiera comience.
Penagos también respondió a los señalamientos del presidente Petro sobre un supuesto fraude. El registrador reorientó el debate hacia lo que considera los verdaderos riesgos: la compra de votos y la presencia de grupos armados que interfieren en el voto libre. Esa distinción es relevante. El fraude electoral puede tomar múltiples formas. Confundir todas ellas bajo una acusación genérica de “fraude” sin especificar el mecanismo es, precisamente, el tipo de imprecisión que alimenta la desinformación.
Sobre los reportes de colombianos que no pudieron votar por retrasos en filas y lentitud en validaciones, Penagos señaló que no se han presentado “mayores inconvenientes” y atribuyó la aglomeración a festividades en Estados Unidos y Europa que concentraron más votantes en los consulados. La respuesta fue operativa: se dividieron mesas para agilizar el proceso.
El dispositivo electoral en el exterior es complejo. Hay 1.489 mesas habilitadas desde el 25 hasta el 30 de mayo, más 2.181 mesas adicionales para el domingo 31. Esa estructura requiere coordinación y vigilancia constante. La presencia de testigos electorales es precisamente para eso: monitorear. Pero cuando esos testigos o jurados se convierten en canales de desinformación, la integridad del proceso se quiebra.
Lo que está en juego no es un dato administrativo. Es la confianza en una institución fundamental: la Registraduría Nacional del Estado Civil. Si desde el primer día de votación circulan resultados fabricados sin consecuencias visibles, el mensaje que se envía es que los mecanismos de control son débiles o que nadie los aplica. Eso es exactamente lo que prospera en contextos de polarización electoral.
Penagos hizo bien en ser explícito: habrá sanciones. Ahora debe demostrarlo. No basta con advertencias. La credibilidad de la autoridad electoral depende de que cumpla lo que anuncia.