A las 7 de la mañana del 21 de junio, cuando la Registraduría abrió las urnas para la segunda vuelta presidencial, los dos candidatos ya habían quedado registrados en sus puestos de votación. Abelardo De la Espriella ejerció el sufragio en el colegio La Enseñanza, en Barranquilla, según reportó El Colombiano. José Manuel Restrepo votó en Bogotá, en compañía de su madre, su esposa y sus tres hijos, y anunció que viajaría a la costa atlántica para esperar allí los resultados junto a su compañero de fórmula.
Más allá del dato protocolar, lo relevante del día lo entregó la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales, Asocapitales, en su reporte previo a la apertura de mesas. Según la entidad, 31 de las 32 ciudades capitales del país no presentan alteraciones que comprometan el desarrollo del proceso. La única excepción documentada es Mitú, capital del Vaupés, donde una falla en la línea de interconexión dejó sin servicio eléctrico al municipio tras fuertes lluvias, vientos y descargas atmosféricas. La infraestructura de transmisión de 34,5 kilovatios resultó comprometida, aunque el servicio fue restablecido de manera parcial mediante generación alterna mientras avanzan los trabajos de diagnóstico y reparación.
El episodio, menor en escala nacional, es sintomático de un problema estructural: la vulnerabilidad energética de los municipios periféricos. Mitú no es una ciudad cualquiera en el mapa electoral colombiano. Es la capital de un departamento que, por su extensión amazónica y su baja densidad poblacional, depende casi por completo de una sola línea de transmisión. Cuando esa línea cae, se cae la jornada. No hay redundancia, no hay backup, no hay plan B. La Registraduría, la Misión de Observación Electoral y las autoridades locales deben documentar si la contingencia afectó la instalación de mesas, la transmisión de preconteo o la identificación biométrica de los votantes. Cualquiera de esos tres puntos compromete la integridad del resultado en esa circunscripción.
La jornada, por lo demás, discurre dentro del patrón que Colombia ha logrado consolidar en los últimos procesos: apertura puntual, presencia de testigos electorales y observación internacional acreditada. Asocapitales, según el reporte recogido por El Colombiano, pidió a los votantes informarse únicamente a través de canales oficiales. Es una advertencia pertinente en un domingo electoral donde las redes sociales suelen convertirse en el principal vehículo de desinformación.
Quedan dos tareas pendientes para las horas que siguen. La primera, técnica: que el Consejo Nacional Electoral y la Registraduría publiquen antes del cierre un parte específico sobre la afectación en Mitú y, de ser necesario, dispongan mecanismos extraordinarios para garantizar el derecho al voto de los ciudadanos de esa circunscripción. La segunda, política: que los dos candidatos, una vez conocidos los resultados, acaten el veredicto de las urnas sin condicionamientos. En una segunda vuelta, la legitimidad del ganador depende tanto de los votos que reciba como de la conducta que observe el que pierde.
Colombia vota. Lo hace, según los reportes disponibles, en calma. La excepción de Mitú debe resolverse antes del cierre de las urnas. El resto, lo decidirán las mesas.